Los vientos de guerra soplan nuevamente en el Caribe, mientras una formidable flotilla naval de Estados Unidos se despliega en las costas de la región. En medio de una retórica cada vez más incisiva entre Washington y Caracas, la movilización militar estadounidense, que incluye submarinos nucleares, cruceros de misiles y buques de asalto anfibio, ha encendido el debate sobre sus verdaderas intenciones. ¿Es una cruzada contra el narcotráfico o el preludio de una acción más contundente contra el gobierno de Nicolás Maduro?

08/29/2025. Redaccion Tony Romero L.
La Doctrina Mahan renace: El mar como eje del poder global
La estrategia de Estados Unidos, históricamente, ha estado moldeada por las ideas del almirante Alfred Thayer Mahan, quien postuló que el dominio de los mares es esencial para una potencia mundial para asegurar su comercio, su seguridad y su influencia política. Mahan argumentaba que el control de las rutas marítimas permite influir en el comercio global, lo que se traduce en poder económico y militar. Esto se reflejó en la política exterior estadounidense desde finales del siglo XIX, con una ampliación agresiva de la Doctrina Monroe, que buscaba mantener a América Latina como una esfera exclusiva de influencia de Washington.
Al regresar a la presidencia, Donald Trump volvió a poner sobre la mesa propuestas con ecos de la visión de Mahan: transformar el Golfo de México en una extensión estratégica de Estados Unidos y retomar el control del Canal de Panamá, con el fin de frenar la influencia comercial, económica y geopolítica de China.
La teoría de Mahan justifica la posesión de puntos estratégicos, como bases y puertos. Tras la Guerra Hispano-Estadounidense en 1898, Estados Unidos ocupó Puerto Rico y estableció bases en Cuba, como Guantánamo. El control del Canal de Panamá, una «arteria del poder marítimo» para Mahan, fue crucial; EE.UU. apoyó la independencia de Panamá en 1903 para construir y controlar el canal, consolidando su hegemonía naval y permitiendo el rápido movimiento de su flota entre el Atlántico y el Pacífico. Entre 1898 y 1934, EE.UU. intervino militarmente en Cuba, Haití, República Dominicana, Nicaragua y Honduras, bajo el pretexto de proteger inversiones y garantizar la estabilidad, pero siempre bajo la lógica mahaniana de asegurar las rutas marítimas y bases estratégicas del «Mediterráneo Americano» (el Caribe).

El presidente Donald Trump ha revitalizado estos principios, impulsando una versión renovada de la Doctrina Monroe para reafirmar el control de EE.UU. sobre el hemisferio occidental. Los analistas interpretan sus comentarios sobre «tomar de vuelta» el Canal de Panamá o renombrar el Golfo de México como «Golfo de América» como un claro guiño a la tradición de Mahan: asegurar puntos estratégicos y rutas clave de comunicación para afirmar la hegemonía. El caribe forma parte fundamental de esto, y podemos concluir que esta movilización es parte de la supremacía que realizan las potencias mundiales.

Manuel Cruz: El Indo-Pacífico, un Desplazamiento Geopolítico con Raíces Mahanianas
El analista geopolítico Manuel Cruz subraya la conexión directa entre las teorías de Alfred Mahan y la actual proyección de poder de Estados Unidos. Cruz destaca que Mahan, creador de la escuela del poder naval, concibió la idea de que quien dominara las rutas marítimas controlaría el comercio mundial, dado que más del 85% del comercio global se realiza por agua. Esta visión impulsó la construcción de la flota naval más poderosa del mundo y la búsqueda de un canal interoceánico, inicialmente en Nicaragua y luego en Panamá, así como la anexión de islas en el Caribe, como Cuba y Puerto Rico.
Según Cruz, Mahan ya predijo a finales del siglo XIX que quien controlara las aguas del Índico, dirigiría Asia y el futuro de la humanidad se decidiría en esas aguas. Esta anticipación se alinea con el análisis de Henry Kissinger, quien también señaló el desplazamiento tectónico de la importancia global del Atlántico hacia el océano Índico y el Pacífico. Actualmente, más del 60% del PIB global y más de la mitad de la población mundial se concentran en estas aguas, convirtiendo al Indo-Pacífico en la región más importante del mundo desde el punto de vista geopolítico y la zona de conflictos más relevante del siglo XXI. Para Cruz, la imposibilidad de convertirse en una superpotencia sin la vinculación y la importancia de los mares y océanos es una lección fundamental de Mahan que sigue plenamente vigente. Este desplazamiento explica la disminución de la relevancia del Atlántico y de la OTAN, en contraste con la creciente proyección de poder en el Indo-Pacífico, una región que es, sin duda, el enclave estratégico del siglo XXI.
Esta explicación nos sirve para entender la importancia del tema naval para los Estados Unidos en la era Trump.
¿Frenar la droga o capturar a Maduro? La incógnita en el caribe
La movilización naval de Estados Unidos en el Caribe plantea una pregunta clave: ¿cuál es el objetivo primordial? El Pentágono ha declarado que los movimientos militares buscan enfrentar amenazas a la seguridad nacional provenientes de «organizaciones narcoterroristas» en la región. El presidente Donald Trump ha hecho de la lucha contra los cárteles de la droga un pilar central de su administración, conectándolo con esfuerzos más amplios para frenar la migración y reforzar la seguridad fronteriza. Los buques desplegados, como el USS Lake Erie y el USS Newport News, tienen capacidades avanzadas para derribar aviones enemigos y realizar ataques de precisión a tierra sin ser detectados, lo que refuerza la capacidad ofensiva.
Sin embargo, las circunstancias que rodean el despliegue sugieren un objetivo más allá del mero combate al narcotráfico. La declaración del Cártel de los Soles como organización terrorista en julio de 2025 es un punto de inflexión. Estados Unidos ha vinculado directamente a esta organización con el gobierno de Nicolás Maduro y otros altos cargos, acusándolos de proporcionar apoyo material a grupos como el Tren de Aragua y el Cártel de Sinaloa. Pocos días después de esta designación, Washington duplicó la recompensa por información que conduzca a la captura de Maduro, elevándola a 50 millones de dólares.
A esto se suma la retórica del presidente Trump, quien ha afirmado que el ejército estadounidense está «listo para desplegarse en menos de 24 horas» y ha propuesto renombrar el Departamento de Defensa como el «Departamento de Guerra», señalando que su estrategia no será solo defensiva, sino también ofensiva.
Aunque la administración venezolana, a través de Diosdado Cabello, ha calificado al Cártel de los Soles como un «invento» de Estados Unidos para «manipular», la proliferación de buques de guerra en las costas venezolanas –incluyendo el USS San Antonio, el USS Iwo Jima, el USS Fort Lauderdale (con 4,500 militares a bordo), el USS Gravely, el USS Jason Dunham y el USS Sampson– no puede ser subestimada. Expertos, si bien consideran poco probable una invasión directa, advierten que la saturación de poder naval estadounidense en la región es una señal clara de presión y afirmación de control. Estos despliegues, más allá de combatir el crimen organizado, cumplen una función simbólica y estratégica, típica de Mahan, para mostrar fuerza naval, controlar rutas marítimas y ejercer presión política.
En definitiva, mientras los buques de guerra estadounidenses patrullan las aguas del Caribe, la distinción entre una operación antidrogas y una posible acción dirigida contra el liderazgo venezolano se vuelve cada vez más difusa, reavivando el histórico debate sobre la influencia de Washington en el continente y consolidando, una vez más, el legado naval de Mahan en la geopolítica de la región.
Redacción Tony Romero sobre lecturas y videos youtube.
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