Maduro abre el año acusando a Colombia de “abandonar” la frontera y cargarle el peso del narcotráfico a Venezuela

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El 2026 comenzó con un estallido diplomático. Nicolás Maduro, en una entrevista concedida el 1 de enero, lanzó una de sus acusaciones más duras contra el Gobierno de Gustavo Petro, asegurando que Colombia ha dejado a su suerte los más de 2.200 kilómetros de frontera compartida y que Venezuela está “luchando sola” contra el narcotráfico y los grupos armados que operan en la zona.

01/02/2026. El mandatario venezolano afirmó que su país destina “miles de millones” para sostener operativos militares y policiales en una frontera que, según él, del lado colombiano está “totalmente desprovista de protección”. Con ello, apuntó directamente a la gestión de seguridad del presidente Petro, insinuando una ausencia del Estado colombiano en territorios críticos.

Maduro aseguró que Venezuela ha creado “tres zonas de paz” a lo largo de la frontera, pero que no recibe “ninguna colaboración” de Colombia, lo que —según su versión— obliga a Caracas a asumir sola el combate contra las economías ilegales que cruzan entre ambos países.

Uno de los puntos más polémicos de sus declaraciones fue su defensa del modelo venezolano contra el narcotráfico. Afirmó haber derribado la “avioneta número cuarenta” proveniente de Colombia y elevó la cifra total a 431 aeronaves abatidas, todas bajo la ley de interdicción aérea venezolana.

Las acusaciones reavivan tensiones históricas entre ambos países, marcadas por décadas de presencia de grupos armados, contrabando y rutas del narcotráfico. Aunque analistas colombianos recuerdan que la dinámica criminal es binacional y que la cooperación ha sido intermitente, Maduro insistió en responsabilizar a Bogotá por la falta de control territorial y el avance de organizaciones ilegales.

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El contexto internacional añade más presión: Estados Unidos, bajo la administración de Donald Trump, ha intensificado sus señalamientos contra Venezuela y ha advertido sobre posibles acciones militares en la región, extendiendo incluso sus advertencias a Colombia. En medio de ese escenario, Maduro parece buscar reposicionar a su Gobierno como un actor “proactivo” en seguridad, mientras desvía la atención de las acusaciones estadounidenses.

Lo más llamativo es el silencio del presidente Gustavo Petro, quien no ha respondido a los señalamientos de Maduro, pese a que suele reaccionar con rapidez cuando las críticas provienen de Trump. Su falta de pronunciamiento deja interrogantes sobre la estrategia diplomática de Colombia en un momento de creciente tensión regional.

Redacción libre de DHH sobre lectura de medios.

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