Groenlandia en la mira: 10 % de aranceles a quienes se nieguen a apoyar el cambio territorial

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El presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump, volvió a colocar a Groenlandia en el centro del tablero geopolítico global, vinculando su control territorial con la seguridad mundial y anunciando sanciones comerciales directas contra varios países europeos si no se avanza hacia un acuerdo que permita a Washington adquirir la isla ártica.

01//17/2026. El planteamiento, difundido a través de sus redes oficiales, va mucho más allá de una simple declaración diplomática. Trump sostiene que Estados Unidos ha “subsidiado” durante décadas a Europa mediante la ausencia de aranceles y una protección militar sostenida, y que ha llegado el momento de una retribución estratégica. En ese marco, Groenlandia aparece como una pieza clave frente al avance de China y Rusia en el Ártico, región que Washington considera vital para su seguridad nacional y la del mundo.

Aranceles como arma geopolítica

El anuncio incluye una medida de presión económica concreta: a partir del 1 de febrero de 2026, Estados Unidos impondrá un arancel del 10 % a todos los bienes provenientes de Dinamarca, Noruega, Suecia, Francia, Alemania, Reino Unido, Países Bajos y Finlandia. Cuatro meses después, el gravamen aumentará al 25 %, y se mantendrá vigente hasta que se alcance un acuerdo “completo y total” sobre Groenlandia.

Para Trump, estos países han incrementado el riesgo global con movimientos “poco claros” en la isla, lo que justificaría una respuesta contundente. El mensaje es inequívoco: el comercio se convierte en palanca de coerción estratégica.

Seguridad, tecnología y el “Domo”

Uno de los ejes centrales del texto es la mención a un ambicioso sistema de defensa conocido como el “Domo Dorado”, un entramado de tecnologías ofensivas y defensivas que, según Trump, solo puede operar a máxima eficiencia si Groenlandia forma parte del perímetro estadounidense. La isla, por su ubicación y características geográficas, sería clave para la detección temprana de amenazas, incluyendo misiles y objetos espaciales.

Washington, asegura el mandatario, ya invierte cientos de miles de millones de dólares en estos programas, incluso para la protección de aliados como Canadá, lo que refuerza su argumento de que el control territorial es una necesidad estratégica y no un capricho político.

Una ambición histórica que vuelve

La idea de adquirir Groenlandia no es nueva. Trump recuerda que Estados Unidos ha intentado comprar la isla durante más de 150 años, sin éxito. Sin embargo, el tono actual marca una diferencia sustancial: ya no se trata de una oferta diplomática, sino de una estrategia de presión abierta, con consecuencias económicas y políticas para Europa.

El mensaje concluye con una aparente puerta abierta al diálogo. Estados Unidos, dice Trump, está “inmediatamente dispuesto a negociar” con Dinamarca y los países involucrados. Pero el contexto deja claro que la negociación se plantea bajo amenaza, con aranceles, seguridad global y poder militar sobre la mesa.

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Un nuevo pulso transatlántico

La advertencia reaviva tensiones entre Washington y sus aliados históricos, y abre un debate profundo sobre los límites del poder estadounidense en un mundo multipolar. Groenlandia, una isla de hielo y baja densidad poblacional, emerge así como símbolo de una nueva era de disputas estratégicas, donde comercio, defensa y territorio se entrelazan en un mismo pulso global.

Lo que antes parecía una excentricidad política hoy se presenta como una jugada de alto riesgo, capaz de redefinir las relaciones entre Estados Unidos y Europa, y de recalentar un Ártico cada vez menos congelado… y cada vez más codiciado.

Redacción Elena Calzadilla para DHH.

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