En un esfuerzo diplomático sin precedentes, una treintena de naciones de América Latina y el Caribe se han congregado en Panamá desde este lunes para diseñar un salvavidas de emergencia que evite el colapso total de Haití.

01/26/2026. Esta cumbre surge como una respuesta directa ante el estrepitoso fracaso de la movilización de fondos de las Naciones Unidas, que para el cierre de 2025 solo logró recaudar el 23.9% de los 908 millones de dólares requeridos para asistir a la nación caribeña.
Un país bajo el yugo de las bandas criminales
La realidad que motiva este cónclave es devastadora. Actualmente, las pandillas armadas controlan aproximadamente el 95% de la región metropolitana de Puerto Príncipe. Este control territorial ha sumido a la población en un ciclo de terror que incluye asesinatos, secuestros y violencia sexual, resultando en más de 8,100 homicidios registrados entre enero y noviembre de 2025.
El impacto humano es incalculable:
- Desplazamiento masivo: Alrededor de 1.4 millones de personas (el 12% de la población) han tenido que abandonar sus hogares.
- Hambre y desolación: Se estima que durante 2026, seis millones de haitianos —la mitad del país— se verán afectados por la carencia de servicios básicos y el declive económico.
- Recesión persistente: La economía nacional se encuentra atrapada en una crisis profunda que impide cualquier intento de estabilización interna.
La estrategia: No dejar a ninguna nación atrás
Liderada por la Asociación de Estados del Caribe (AEC), la reunión busca consolidar el «Plan de Acción para la Asistencia Humanitaria y el Desarrollo de Haití». Este ambicioso proyecto pretende establecer una plataforma regional permanente de coordinación que permita rastrear los flujos de dinero, identificar «puntos ciegos» y evitar la duplicidad de esfuerzos entre donantes e instituciones financieras.
El plan será implementado por un Comité Directivo compuesto por diez países, bajo la copresidencia de Haití y México, y cuenta con el respaldo de naciones como Colombia, República Dominicana y Panamá. Según Noemí Espinoza, secretaria general de la AEC, la región enfrenta la «obligación moral» de actuar ante lo que define como la emergencia de seguridad y gobernanza más grave en la historia moderna del hemisferio occidental.
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Mientras la policía haitiana intenta recuperar el control con apoyo internacional, el futuro político del país sigue siendo incierto, marcado por la inestabilidad en su liderazgo y la constante amenaza de las estructuras criminales que buscan desmantelar el Estado. La meta en Panamá es clara: transformar la «insuficiente» ayuda internacional en un mecanismo de apoyo real, respetando siempre la soberanía y dignidad del pueblo haitiano.
Redacción Albitrio Fabrepe para DHH.

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