Cuba: negociar una apertura económica controlada o enfrentar un colapso total bajo la presión de EE.UU.

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El régimen de Cuba se encuentra en una encrucijada histórica: negociar una apertura económica controlada con Estados Unidos o enfrentar un colapso total bajo la presión militar y política. Mientras fuentes diplomáticas sugieren la existencia de pactos ocultos en territorio mexicano, el discurso oficial en La Habana intenta mantener una fachada de resistencia inquebrantable.

02/04/2026.

La diplomacia de las sombras en Ciudad de México

Reportes recientes indican que la capital mexicana ha vuelto a su rol histórico como escenario de negociaciones de alto nivel. El protagonista de estos encuentros sería el coronel Alejandro Castro Espín, hijo de Raúl Castro, quien presuntamente lidera conversaciones con la inteligencia estadounidense bajo la mediación del gobierno de México.

El objetivo de este diálogo sería pactar una transición económica que permita la permanencia del régimen en el poder a cambio de abrir sectores estratégicos —hoy controlados por los militares— a empresas estadounidenses, tales como la energía, el turismo, las telecomunicaciones y la banca. Como un gesto inicial para aliviar la agonía energética de la isla, se contempla la posibilidad de una venta directa de petróleo estadounidense, ante la interrupción de los envíos desde Venezuela.

La presión de Washington: Entre el embargo y el narcotráfico

El contexto para estas negociaciones no podría ser más hostil. Tras la captura de Nicolás Maduro, Washington ha advertido que podría catalogar al régimen cubano como cómplice del narcotráfico internacional. Esta amenaza, sumada a la declaración de «emergencia nacional» por parte de la administración de Donald Trump y la posible imposición de aranceles a terceros países que suministren crudo a la isla, ha dejado a La Habana con opciones mínimas.

Habana niega la mesa, pero admite los «mensajes»

Pese a los reportes de una negociación avanzada, el viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Carlos Fernández de Cossio, ha negado categóricamente la existencia de una mesa de diseño conjunto. No obstante, el diplomático admitió que se han «intercambiado mensajes» desde principios de enero, subrayando que Estados Unidos conoce la disposición de Cuba al diálogo, siempre que se respete su soberanía.

Cossio fue tajante al marcar las «líneas rojas» del régimen:

  • No habrá reformas políticas ni discusiones sobre la Constitución cubana.
  • No se contempla la liberación de presos políticos, desvinculando este tema de cualquier alivio al bloqueo petrolero.
  • El país se prepara para un proceso de «reorganización» interna extremadamente difícil para la población y, simultáneamente, para la defensa ante una posible agresión militar.

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Un futuro incierto para el pueblo cubano

Mientras las élites políticas en Washington y La Habana mueven sus piezas, la realidad para el ciudadano común es de una «grave emergencia humanitaria». El propio gobierno cubano ha reconocido que los días venideros requerirán una «creatividad» forzada ante un plan de contingencia que será «muy difícil para la población en su conjunto». La gran incógnita sigue siendo si esta apertura económica controlada será suficiente para evitar un desenlace similar al de Caracas o si el país se encamina hacia un aislamiento aún más profundo.

Redacción Elena Calzadilla para DHH.

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