Haití: un mercenario de vieja data intenta dar seguridad con drones y privatización en las fronteras

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El gobierno de Haití ha sellado una alianza de diez años con el polémico Erik Prince, exdirector de la extinta Blackwater, para enfrentar la crisis de violencia que asfixia al país. A través de su nueva firma, Vectus Global, el veterano estadounidense se ha posicionado en el centro de una estrategia militar que, lejos de ser puramente defensiva, busca reestructurar el control territorial y económico de la nación caribeña.

02/10/2026.

El contrato de la década: Drones y control fronterizo

La presencia de Vectus Global no es un plan a futuro; la compañía comenzó sus operaciones en suelo haitiano en marzo de 2025. Su misión principal, según revelaciones periodísticas, es asistir a una unidad de respuesta rápida (Task Force) bajo el mando directo del primer ministro Alix Didier Fils-Aimé en el despliegue de drones explosivos contra las bandas armadas.

Sin embargo, el acuerdo va más allá de la simple táctica militar. Prince ha manifestado su intención de retomar el control de las principales carreteras y territorios dominados por pandillas en un plazo de un año. Una vez pacificada la zona, el plan contempla la implementación de un programa de impuestos a las mercancías que cruzan la frontera con la República Dominicana, lo que ha generado suspicacias sobre la privatización de funciones estatales clave.

Un ejército privado en formación

Para ejecutar esta ambiciosa agenda, Prince ha previsto el despliegue de cientos de combatientes procedentes de Estados Unidos, El Salvador y Europa, incluyendo francotiradores, especialistas en inteligencia y comunicaciones, apoyados por una flota de helicópteros y barcos. Además, se ha reportado el reclutamiento activo de veteranos haitiano-estadounidenses, con el objetivo de integrar una fuerza de choque de al menos 150 hombres para misiones de alto impacto.

La sombra de Blackwater y el estigma del racismo

La contratación de Prince ha reabierto viejas heridas debido a su historial con Blackwater, empresa vinculada a la masacre de 14 civiles en Bagdad en 2007. A esta reputación se suman comentarios recientes del propio Prince en su podcast, Off Leash With Erik Prince, donde se refirió a Haití de manera despectiva, describiéndola como una «sociedad en dificultad» entregada al vudú y cuya «luz del bien» se apaga gradualmente.

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Falta de transparencia y vacío legal

A pesar de la magnitud del despliegue, el Estado haitiano ha mantenido los detalles financieros y las cláusulas de responsabilidad en estricto secreto. Organizaciones de derechos humanos han alertado sobre los riesgos de emplear ejércitos privados, citando antecedentes nefastos como el papel de mercenarios en el asesinato del presidente Jovenel Moïse en 2021.

Haití se encuentra en una posición vulnerable, ya que no ha ratificado los marcos jurídicos internacionales que regulan y limitan el mercenarismo, lo que deja a la población civil en una zona gris frente a posibles abusos de estos combatientes extranjeros. Mientras las autoridades guardan silencio, la llegada de los hombres de Prince plantea una pregunta inquietante: ¿está Haití contratando su liberación o entregando su soberanía al mejor postor?.

Redacción elena Calzadilla para DHH sobre lectura libre de ayibopost .

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