La música latina ha perdido a uno de sus pilares más influyentes y transgresores. Willie Colón, el legendario «Malo del Bronx», falleció a los 75 años. Su partida fue confirmada por su familia a través de un comunicado oficial, indicando que el músico murió en paz, rodeado de sus seres queridos, tras haber sido internado de urgencia en un hospital de Nueva York debido a complicaciones respiratorias.

02/21/2026. Con su fallecimiento se cierra un capítulo fundamental de la era dorada de la salsa, dejando un vacío profundo en una comunidad que vio en su trombón la voz del barrio y la crónica del inmigrante.
Los orígenes de un rebelde con causa
Nacido como William Anthony Colón Román el 28 de abril de 1950 en el sur del Bronx, su vida estuvo marcada por la vibrante y conflictiva realidad urbana de Nueva York. Nieto de inmigrantes puertorriqueños, fue criado principalmente por su abuela, Antonia Román, quien le inculcó el orgullo por sus raíces latinas frente a la discriminación de la época. Aunque inicialmente estudió trompeta y clarinete, su admiración por Mon Rivera lo llevó a decantarse por el trombón a los catorce años, un instrumento que se convertiría en su sello de identidad.
A los 16 años, grabó su primer disco con el sello Fania titulado significativamente El Malo (1966), donde ya introducía elementos del folclore puertorriqueño como la bomba y la plena, mezclados con los ritmos ásperos del trombón. En este trabajo comenzó su colaboración con Héctor Lavoe, formando una de las duplas más exitosas y emblemáticas de la salsa. Juntos grabaron más de una docena de álbumes, incluyendo joyas como Cosa Nostra (1970) y Asaltos Navideños (1972), capturando el sentir de los «sonidos del barrio». A pesar del éxito, la vida de excesos y adicciones de Lavoe obligó a Colón a distanciarse profesionalmente de él, aunque continuó siendo el productor de la mayoría de sus discos como solista, incluyendo el icónico tema «El Cantante».
El quiebre de una era: El adiós a Rubén Blades
Tras su etapa con Lavoe, Colón unió fuerzas con el panameño Rubén Blades a finales de los años setenta, impulsando la «salsa conciencia». Esta alianza produjo álbumes históricos como Siembra (1978) —uno de los discos más vendidos del género— y Canciones del Solar de los Aburridos (1982), que le valió un premio Grammy. Sin embargo, esta mítica sociedad terminó en una fractura que parece no tener retorno.
La separación entre Willie Colón y Rubén Blades se originó en 2003 debido a una disputa económica y judicial. El conflicto estalló tras un concierto en San Juan que celebraba los 25 años de Siembra, donde Colón acusó a Blades de no haberle pagado los honorarios acordados. La tensión escaló hasta una demanda legal en 2007, en la cual Colón exigía 115,000 dólares. Aunque en 2013 un juez falló a favor de Blades, responsabilizando a la productora del evento por la desviación de fondos, la relación personal quedó destruida. Desde entonces, ambos artistas han mantenido una enemistad pública que ha persistido por más de dos décadas, pese a los constantes pedidos de reconciliación por parte de sus colegas y fanáticos.
Un legado que trasciende las notas musicales
Más allá de sus alianzas famosas, Willie Colón brilló como solista y productor, trabajando con figuras de la talla de Celia Cruz y explorando temas sociales tabú en éxitos como «El Gran Varón», una canción que abordó la problemática del VIH/SIDA y la identidad de género en un contexto latino conservador. Su versatilidad lo llevó incluso a actuar en telenovelas mexicanas como Demasiado Corazón y a desarrollar una faceta como piloto privado y programador de computadoras.
En sus últimas décadas, Colón se volcó intensamente al activismo político y social, postulándose en varias ocasiones para cargos públicos en Nueva York, como el consejo estatal y la alcaldía, defendiendo siempre los derechos de la comunidad hispana. Willie Colón no fue solo un músico; fue un cronista urbano que transformó la salsa en una plataforma de diálogo cultural y político, asegurando que el eco de su trombón resuene eternamente en la memoria colectiva de América Latina y el mundo.
Redacción elena Calzadilla para DHH.
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