El pequeño Punch, un macaco japonés de apenas siete meses residente del zoológico de la ciudad de Ichikawa, se ha convertido en el epicentro de un debate global que mezcla la ternura viral con la ética del cautiverio. Tras ser rechazado por su madre biológica poco después de nacer, Punch encontró consuelo en un peluche de orangután de IKEA, un vínculo que ha generado millones de reproducciones en plataformas como TikTok e Instagram, pero que también ha encendido las alarmas de organizaciones internacionales.

02/25/2026.
Un refugio de felpa para un instinto biológico
La imagen de Punch aferrado a su juguete no es solo una curiosidad visual; responde a una necesidad evolutiva profunda. Los primates nacen con un reflejo de agarre vital para mantenerse unidos al pelaje materno, lo que les garantiza protección frente a depredadores y agresiones del grupo. Al carecer de este apoyo natural, los cuidadores le proporcionaron un peluche para sustituir el rol de protección y fomentar su desarrollo muscular. Este fenómeno ha sido tan masivo que IKEA ha reportado un aumento significativo en las ventas de este juguete, llegando incluso a donar ejemplares al zoológico tras el impacto mediático.
La trampa de la humanización (Antropomorfismo)
El caso de Punch es un ejemplo claro de cómo los humanos tendemos a humanizar o antropomorfizar el comportamiento animal. Mientras los usuarios en redes sociales interpretan los videos del macaco como escenas de profunda tristeza o «bullying» por parte de sus pares, el zoológico aclara que las reprimendas de los macacos adultos son parte de un proceso normal de socialización y jerarquía. Expertos sugieren que la audiencia suele buscar emociones rápidas en lugar de comprender la realidad biológica de la especie, donde la competencia y el aprendizaje de reglas grupales son esenciales para la supervivencia.
El conflicto ético: ¿Exhibición o Bienestar?
La organización defensora de animales PETA ha intervenido formalmente exigiendo el traslado de Punch a un santuario acreditado. La ONG sostiene que lo que el público percibe como «adorable» es en realidad el trauma de un animal joven lidiando con el aislamiento y la pérdida. Según Jason Baker, presidente de PETA Asia, el macaco debería estar explorando un hábitat natural en lugar de buscar consuelo en un objeto inanimado dentro de un recinto de cemento.
Por otro lado, el zoológico defiende sus esfuerzos de reintegración gradual en la «Montaña de los Monos», asegurando que Punch muestra una gran resiliencia mental y que ya comienza a mostrar signos de independencia, abandonando ocasionalmente el peluche para interactuar con su clan.
Este fenómeno global, que ha captado incluso la atención de figuras como Stephen Colbert, deja una pregunta abierta sobre nuestra relación con la fauna: ¿estamos empatizando con la naturaleza del animal o simplemente proyectando nuestras propias carencias sociales en una pantalla?. Mientras tanto, Punch continúa su camino hacia la madurez, arrastrando a su fiel compañero naranja bajo la mirada de millones de personas que, para bien o para mal, han hecho de su soledad un espectáculo mundial.
Redacción Elena Calzadilla para DHH.
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