La carrera por consolidar la zona de libre comercio más grande del mundo, Mercosur-UE, ha entrado en una fase decisiva de definiciones parlamentarias, aunque con velocidades marcadamente distintas a ambos lados del océano. Mientras el bloque sudamericano acelera sus procesos internos para enviar una señal de compromiso, el proceso en el Viejo Continente permanece en un limbo legal y político que amenaza con extenderse por años.

02/26/2026.
El tablero sudamericano: ¿Quiénes ya dieron el «sí»?
En el Mercosur, la ratificación del Acuerdo Comercial Interino (ITA) avanza con un impulso renovado tras décadas de espera.
- Uruguay: Se posicionó a la vanguardia al convertirse en el primer país del bloque en obtener la aprobación parlamentaria completa. La Cámara de Representantes y el Senado uruguayo dieron luz verde al tratado, enviando un mensaje directo a Bruselas para que active sus mecanismos de validación.
- Argentina: En una muestra de celeridad calificada como «récord», el Congreso argentino sancionó la norma y, pocas horas después, el presidente Javier Milei la promulgó mediante decreto. Con este paso, el país busca habilitar la aplicación provisoria del tratado y reducir costos de importación de manera inmediata.
- Brasil: El gigante regional ya cuenta con la aprobación de la Cámara de Diputados por amplia mayoría. Actualmente, el texto se encuentra bajo análisis del Senado, donde se espera su tratamiento en las próximas semanas para evitar demoras adicionales una vez que la UE resuelva sus conflictos internos.
- Paraguay: Aunque aún no ha tratado el acuerdo, el Parlamento paraguayo tiene previsto iniciar el debate durante el mes de marzo. Como actual presidente pro témpore del bloque, Asunción ya ha recibido solicitudes para iniciar los diálogos técnicos sobre la compleja distribución de cuotas de exportación.
- Bolivia: Cabe destacar que, aunque es miembro pleno desde 2024, no participó en las tratativas principales por haberse incorporado después de que las negociaciones estuvieran mayormente cerradas.
Europa: El «freno de mano» institucional
A diferencia de la urgencia sudamericana, en la Unión Europea el proceso está oficialmente estancado. El Parlamento Europeo decidió congelar la ratificación y remitir el texto al Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) para evaluar su legalidad. Este trámite legal no es menor: especialistas advierten que la revisión podría demorar hasta dos años, postergando cualquier entrada en vigencia plena.
La resistencia europea tiene un epicentro claro: Francia. Los agricultores franceses ejercen una presión férrea sobre sus legisladores, alegando que el acuerdo generará una «competencia desleal» en sectores sensibles como la carne vacuna, el azúcar y los biocombustibles, debido a las diferencias en los estándares sanitarios y ambientales.
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Lo que está en juego: 35.000 millones de euros
A pesar del freno judicial, existe una rendija de esperanza para los exportadores: la Comisión Europea tiene la potestad de considerar la aplicación provisional del capítulo comercial apenas un país del Mercosur lo ratifique.
El impacto económico potencial es masivo, con estimaciones que sugieren un incremento en el intercambio comercial de 35.000 millones de euros. Para los países del Mercosur, esto significaría el acceso a un mercado de 450 millones de consumidores de alto poder adquisitivo con aranceles cercanos a cero para sus principales productos agroindustriales.
Por ahora, la pelota está en el campo de la justicia europea, mientras los parlamentos del Sur terminan de sellar un compromiso que esperó más de 25 años para ver la luz.
Redacción Tony Romero para DHH.
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