La administración de Donald Trump ha trazado una línea roja en Cuba: la permanencia de Miguel Díaz-Canel en el poder es el principal obstáculo para cualquier avance entre Washington y La Habana.

03/16/2026. Mientras la isla se sumerge en la oscuridad de un apagón total y una crisis energética sin precedentes, el gobierno estadounidense ha dejado claro a los representantes del régimen que la salida de Díaz-Canel es una condición innegociable para permitir reformas estructurales que abran paso a la inversión extranjera.
El «obstáculo» marginado
Para la Casa Blanca, Díaz-Canel es visto como un dirigente «rígido y reacio a las reformas». Fuentes cercanas a las conversaciones revelan que el mandatario ha sido marginado de los contactos discretos que Estados Unidos mantiene con el círculo íntimo de Raúl Castro. Mientras Díaz-Canel firma libros de condolencias en la embajada iraní y recibe a delegaciones de extrema izquierda, el verdadero poder en la isla —representado por la familia Castro y la cúpula militar de GAESA— está bajo el radar de Washington.
El congresista Mario Díaz-Balart ha confirmado que existen conversaciones con «múltiples personas» alrededor de Raúl Castro, similares a las que precedieron la captura de Nicolás Maduro en Venezuela. El mensaje es tajante: la administración Trump no aceptará cambios cosméticos ni el concepto de «Raúl sin Raúl», refiriéndose a la continuidad de la dinastía o sus delegados actuales.
Una isla en ruinas y sin energía
Esta ofensiva diplomática ocurre en el momento más crítico para Cuba. El país experimenta un colapso total del sistema eléctrico nacional, dejando a 11 millones de personas a oscuras. La situación es desesperada:
- Cero petróleo: El régimen no ha recibido envíos de crudo en más de tres meses, tras el corte de suministros desde Venezuela y México impulsado por EE. UU..
- Colapso humanitario: Se han pospuesto cirugías para miles de personas y la escasez de alimentos es crítica.
- Protestas nocturnas: En diversos barrios, la población ha salido a las calles golpeando cacerolas y gritando consignas antigubernamentales bajo la sombra del apagón.
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¿Toma de posesión «amistosa» o final forzado?
Trump ha sugerido que Cuba podría enfrentar una «toma de posesión amistosa» o, de lo contrario, el colapso será inevitable porque la isla está «en ruinas». «No tienen energía, no tienen dinero. Están en serios problemas», afirmó el mandatario, asegurando que o llegan a un acuerdo o Washington actuará «con la misma facilidad» con la que ha lidiado con otros regímenes.
El plan estadounidense busca combinar reformas económicas prácticas —como convertir a EE. UU. en el principal proveedor de petróleo de la isla— con logros simbólicos, incluyendo la liberación de presos políticos y la remoción de la «vieja guardia» castrista. Mientras tanto, el sector privado estadounidense ya tiene luz verde para vender combustible a civiles cubanos, pero el cerco sobre el gobierno de Díaz-Canel solo se estrecha.
Como advirtió Díaz-Balart, los miembros del régimen deberían estar buscando «un lugar donde pasar el resto de sus vidas», pues la caída, según la visión de Washington, es solo cuestión de tiempo.
Redacción Elena Calzadilla para DHH.
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