La selva de Colombia se convirtió este lunes 23 de marzo en el escenario de una de las mayores tragedias aéreas militares de los últimos tiempos. Un avión Hércules C-130 de la Fuerza Aérea Colombiana (FAC), con matrícula 1016, se precipitó a tierra apenas instantes después de intentar despegar desde el aeródromo de Puerto Leguízamo, dejando un saldo parcial de 34 víctimas fatales y decenas de heridos.

El estruendo que rompió la calma selvática
Eran cerca de las 9:50 de la mañana cuando la aeronave, que transportaba a 125 personas (incluyendo 108 soldados del Ejército, 11 tripulantes y dos policías), inició su carrera de despegue con destino a Puerto Asís. Sin embargo, el gigante de carga no logró ganar altura y colisionó a aproximadamente un kilómetro y medio de la pista.
El impacto fue seguido por un voraz incendio que, según el Ministerio de Defensa, provocó la detonación de la munición que portaban las tropas, lo que generó momentos de pánico captados en videos por la comunidad local. El secretario de Gobierno de la zona, Carlos Arbey Claros, destacó la labor de los habitantes, quienes junto a las autoridades ayudaron a rescatar a los sobrevivientes y recolectar elementos básicos para atender la emergencia en una región de difícil acceso.
Un sistema de salud al límite
La magnitud del siniestro desbordó rápidamente la capacidad hospitalaria de Puerto Leguízamo. De los 87 heridos reportados por la Gobernación del Putumayo, los casos más críticos han sido evacuados en puentes aéreos hacia Bogotá (48 pacientes), Florencia (12 pacientes) y otros centros asistenciales. En la capital del país, el Hospital Militar Central recibió las primeras aeronaves medicalizadas cargadas de uniformados que luchan por su vida.
Hasta el momento, la FAC ha confirmado oficialmente la identidad de seis de los once tripulantes fallecidos, mientras que el resto de las víctimas fatales siguen en proceso de identificación.
Bajo la lupa: ¿Falla técnica o infraestructura obsoleta?
Aunque el ministro de Defensa, Pedro Sánchez Suárez, descartó un ataque armado y aseguró que la tripulación estaba debidamente calificada, la tragedia ha reabierto un agudo debate sobre el estado de la flota aérea. El presidente Gustavo Petro se pronunció con dureza, señalando que la modernización de las aeronaves de carga ha sido frenada por «dificultades burocráticas» y advirtió sobre posibles relevos de funcionarios que no han agilizado las compras militares.
Por otro lado, autoridades locales señalaron que la pista de Puerto Leguízamo tiene apenas 1.2 kilómetros de longitud, espacio que consideran insuficiente para las operaciones seguras de aviones de gran envergadura en una zona donde el transporte aéreo es vital ante la falta de vías terrestres.
Mientras las cajas negras y las investigaciones técnicas determinan si el accidente fue producto de una falla mecánica o factores externos, el país entra en un periodo de duelo por los jóvenes soldados que, en palabras de funcionarios locales, «venían sirviéndole a la patria en este sitio tan recóndito y olvidado».
Redacción DHH.
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