Segunda audiencia de Maduro: no se desestima el caso, permiso para Cilia y cuidado con el caso Noriega

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En una sala del tribunal del Distrito Sur de Manhattan, Maduro, el hombre que una vez desafiaba al «imperio» desde las tarimas de Caracas apareció vestido con el uniforme de reo, visiblemente amilanado y atrapado en un complejo engranaje judicial que pone a prueba los límites del sistema legal estadounidense.

Manifestantes muestran un muñeco de Nicolás Maduro cerca de la corte donde se realiza la audiencia en Nueva York.

Tras 80 días de cautiverio, la segunda audiencia de Nicolás Maduro no solo dejó ver su deterioro físico —más canoso, ligeramente más delgado y presa de constantes tics nerviosos— sino que desató una batalla campal entre la fiscalía y la defensa sobre un derecho fundamental: quién y con qué dinero se paga la defensa de un acusado de narcoterrorismo.

El pulso por los fondos: entre la sexta enmienda y las sanciones de la OFAC

El núcleo de la disputa, que ocupó la mayor parte de la audiencia de 90 minutos, es la financiación del proceso. La defensa, liderada por el experimentado Barry Pollack —conocido por lograr la libertad de Julian Assange—, sostiene que Maduro tiene el derecho constitucional de elegir a su abogado y utilizar «fondos lícitos» para ello. Argumentan que el Estado venezolano tiene la obligación legal de costear su defensa y que Maduro, aunque posee fondos propios en el extranjero, no puede acceder a ellos debido al bloqueo de la OFAC.

Pollack lanzó un dardo crítico al tribunal: la revocación de licencias para usar fondos venezolanos fue un «error administrativo» que vulnera la Sexta Enmienda. Incluso rechazó la opción de un defensor de oficio, alegando que Maduro no es indigente —solo está bloqueado— y que nunca ha tributado en EE. UU., lo que haría «ilegal» el uso de fondos públicos estadounidenses en su caso.

Por el contrario, la fiscalía se mantiene firme en una postura de seguridad nacional. Los fiscales Jay Clayton y Kyle Wirshba argumentan que Maduro no es el presidente legítimo de Venezuela para Washington, por lo que su régimen no puede pagar la factura. Además, subrayan que la normativa de la OFAC prohíbe taxativamente que una entidad sancionada pague los honorarios de otra persona también sancionada. Para el Ministerio Público, si Maduro tiene millones fuera, el problema es que no puede ingresarlos al sistema bancario de EE. UU. sin violar las leyes previas al juicio.

El precedente Noriega: un espejo para el caso venezolano

En EE. UU. hubo otros casos contra expresidentes extranjeros que tienen algunas similitudes con el de Maduro, pero también diferencias importantes. El paralelismo más evidente es el de Manuel Antonio Noriega, el hombre fuerte de Panamá capturado en 1990 tras una invasión militar. Al igual que Maduro, Noriega vio sus cuentas congeladas inicialmente, lo que llevó a sus abogados a amenazar con abandonar el caso por falta de pago. Finalmente, tras un intenso pulso legal, se alcanzó un acuerdo avalado por el juez para liberar una parte de los recursos congelados específicamente para la defensa. El desenlace de Noriega —una condena en 1992— es la sombra que hoy persigue a la pareja Maduro-Flores en Nueva York.

Decisiones de un Juez de Hierro: Pruebas Blindadas y Salud en Crisis

El juez Alvin Hellerstein, de 92 años, no cedió ante la presión de la defensa para desestimar el caso. En un momento que provocó risas irónicas en la sala, Pollack sugirió archivar el proceso si no se permitía el pago, a lo que Hellerstein respondió con un seco: «Abogado, no voy a hacer eso». No obstante, el magistrado dejó una puerta abierta al señalar que Maduro ya no representa una «amenaza para la seguridad nacional» al estar bajo custodia, un matiz que podría debilitar el argumento de la fiscalía sobre el bloqueo de fondos.

Hellerstein sí tomó decisiones operativas cruciales:

  1. Protección de testigos: Emitió una orden restrictiva para que solo Maduro y sus abogados vean las pruebas, bajo supervisión estricta, ante el temor de la fiscalía de que figuras como Diosdado Cabello o el hijo de Maduro pudieran usar esa información para poner en peligro a testigos en Venezuela.
  2. Emergencia médica: Autorizó un electrocardiograma para Cilia Flores, quien según su defensa atraviesa «dolencias cardíacas» derivadas del estrés de la prisión.

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Un «prisionero de guerra» en escena

Mientras afuera del tribunal manifestantes chavistas y opositores se enfrentaban bajo la mirada de la policía, adentro Maduro intentaba mantener una postura de «prisionero de guerra». Sin embargo, el lenguaje no verbal lo traicionaba: revisaba documentos frenéticamente, se ponía y quitaba las gafas una y otra vez, y bebía agua sin parar. Lejos queda el tono desafiante; lo que se vio en Nueva York fue a un hombre intimidado por la solemnidad de una corte federal, consciente de que el juicio oral podría tardar hasta dos años en iniciar, tiempo en el que su destino se decidirá entre tecnicismos financieros y acusaciones de narcoterrorismo.

Redacción equipo DHH con ayuda de IA.

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