El estrecho de Ormuz, la arteria vital por la que fluye el 20% del petróleo y gas natural licuado del mundo, se ha transformado en el escenario de un enfrentamiento de alta intensidad que mantiene en vilo a la economía global.

05/04/2026. Tras semanas de un bloqueo de facto derivado del conflicto entre Irán y la alianza entre Estados Unidos e Israel, el presidente Donald Trump ha lanzado el “Proyecto Libertad”, una ambiciosa y arriesgada operación militar destinada a escoltar buques mercantes fuera de las aguas restringidas del Golfo Pérsico.
Entre la ayuda humanitaria y el despliegue de guerra
La situación en la región es crítica: se estima que unos 2.000 buques y 20.000 marineros han quedado atrapados, enfrentando condiciones precarias, escasez de suministros y un deterioro alarmante de su salud física y mental. Ante este panorama, Trump ha presentado su iniciativa como un «gesto humanitario» en nombre de países neutrales cuyas tripulaciones son «víctimas de las circunstancias». Sin embargo, detrás de la retórica asistencialista se despliega una maquinaria bélica imponente: el Comando Central de EE.UU. (CENTCOM) ha movilizado destructores lanzamisiles, más de 100 aeronaves (incluyendo cazas F/A-18 y aviones de patrulla P-8 Poseidon) y cerca de 15.000 efectivos militares.
Aunque el objetivo oficial es «guiar de forma segura» a los barcos, la operación es interpretada por expertos como un desafío directo al control de Teherán sobre el corredor energético. El CENTCOM ya ha reportado los primeros avances, confirmando que dos buques mercantes con bandera estadounidense lograron atravesar el estrecho con éxito bajo esta nueva protección. No obstante, la sostenibilidad de este corredor sigue en duda, ya que la industria naviera y las aseguradoras observan con cautela un entorno donde las reglas de navegación parecen haber sido sustituidas por la ley de la fuerza.
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Teherán responde: Drones, misiles y el riesgo de un choque directo
La respuesta de la República Islámica no se ha hecho esperar, calificando el proyecto de Washington como una provocación que viola el frágil alto el fuego vigente. El general de división Ali Abdollahi ha sido tajante al advertir que cualquier fuerza armada extranjera, especialmente el «agresivo ejército estadounidense», será blanco de ataques si intenta entrar en el estrecho sin coordinación previa con las autoridades iraníes. Esta tensión ya ha derivado en incidentes violentos: Emiratos Árabes Unidos denunció un ataque con drones contra un petrolero de su compañía estatal Adnoc, mientras que medios iraníes afirmaron haber impactado un buque de guerra estadounidense con misiles, una información que el Pentágono desmintió categóricamente.
Las consecuencias de este enfrentamiento van más allá de lo militar. El precio del barril de crudo Brent se mantiene por encima de los 100 dólares, un 50% más que antes de que estallaran las hostilidades, reflejando la inestabilidad de los mercados ante cualquier chispa en Ormuz. Mientras Estados Unidos utiliza el «Proyecto Libertad» para presionar económicamente a Irán mediante un contra-bloqueo naval a sus puertos, el mundo observa con temor cómo un error de cálculo en estas angostas aguas podría desatar una escalada bélica de dimensiones impredecibles. Por ahora, el estrecho sigue siendo un campo de minas diplomático y militar donde la libertad de navegación pende de un hilo.
Redacción Albitrio Fabrepe para DHH.
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