En una comparecencia cargada de advertencias estratégicas ante el Comité de Servicios Armados, el secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, ha subido el tono de la confrontación diplomática al declarar oficialmente que Cuba representa una amenaza directa para la seguridad nacional de su país.

El jefe del Pentágono fundamentó esta postura en la presencia recurrente de activos militares de Moscú, destacando que el atraque de buques militares rusos y un submarino de propulsión nuclear en puertos de la isla es una situación «altamente problemática» debido a su cercanía geográfica.
Bajo el escrutinio del congresista Mario Díaz-Balart, Hegseth confirmó que Washington vigila de cerca la creciente cooperación logística entre La Habana, Rusia y China, ante la sospecha de operaciones de inteligencia que operan a tan solo 150 kilómetros de las costas estadounidenses. Esta visión de seguridad se alinea con la retórica de la Administración Trump, donde incluso el secretario de Estado, Marco Rubio, ha calificado las maniobras en territorio cubano como una amenaza latente a 90 millas de Florida. En un giro aún más drástico, se recordó que el pasado 2 de mayo el presidente Trump sugirió que Washington podría tomar el control sobre Cuba de manera casi inmediata una vez concluyan las hostilidades en el conflicto con Irán.
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«Ni amenaza ni desafío»: La contundente respuesta de La Habana
Desde el otro lado del estrecho, la reacción del gobierno cubano no se ha hecho esperar, calificando las acusaciones de la Casa Blanca como un ejercicio de cinismo histórico. El mandatario Miguel Díaz-Canel Bermúdez aseguró que, en más de seis décadas de Revolución, jamás ha partido desde suelo cubano una sola acción ofensiva contra la seguridad de Estados Unidos. Por el contrario, el líder cubano argumentó que es la Isla la que ha debido enfrentar con «firmeza y serenidad» las constantes amenazas externas, señalando que Cuba es la que ha sido objeto de incontables agresiones fraguadas desde territorio estadounidense.
Díaz-Canel defendió la postura de su país afirmando que la narrativa de Washington es «incoherente y fantasiosa», sugiriendo que el verdadero objetivo de señalar a Cuba como un peligro es justificar el bloqueo petrolero y las sanciones que buscan asfixiar la economía del pueblo cubano. El gobierno de la isla enfatizó que, lejos de ser un adversario, Cuba ha colaborado en el pasado con agencias estadounidenses para enfrentar delitos transnacionales, demostrando su compromiso con la seguridad regional. En un mensaje final de soberanía, La Habana sentenció que, aunque no buscan el conflicto ni desafían a su vecino del norte, «Cuba no amenaza, pero tampoco teme».
Redacción Elena Calzadilla para DHH.
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