En los pasillos del poder entre Washington y Caracas, un nombre resuena con fuerza a pesar de no figurar en ninguna nómina gubernamental: Mauricio Claver-Carone. Este abogado y exboxeador de políticas contra Cuba se ha erigido como el «puente» o «conector» indispensable para la administración Trump en sus delicadas y complejas relaciones con Venezuela.

06/01/2026. Sin embargo, su estatus como agente externo sin rendición de cuentas está encendiendo las alarmas en el mundo de la diplomacia tradicional.
Un diplomático en las sombras
A pesar de que el Departamento de Estado asegura que Claver-Carone no tiene un rol oficial ni emite instrucciones, su influencia parece desmentir la burocracia. Se le describe como una pieza clave en un grupo selecto que gestiona desde las exportaciones petroleras hasta los planes para revitalizar la economía venezolana. Su cercanía es tal que, según reportes, participó en llamadas estratégicas junto a Marco Rubio y figuras clave del gobierno de transición designado por Trump, como Delcy Rodríguez.
Esta estructura informal ha generado duras críticas. Expertos como Peter Kornbluh señalan que este arreglo muestra una «nula transparencia», permitiendo que actores que no son funcionarios de carrera dicten el futuro de una nación rica en recursos.
¿Negocios o diplomacia? El dilema ético
El papel de Claver-Carone no solo es político, sino que roza lo comercial. Actualmente es socio gestor de LARA Fund, un fondo de capital privado centrado en energía e infraestructura en América Latina. Aunque él niega cualquier conflicto de interés o beneficio económico por su asesoría, su sombra se proyecta sobre decisiones financieras masivas.
Un ejemplo crítico es la contratación de la firma Centerview Partners para reestructurar la monumental deuda venezolana de 150,000 millones de dólares. Se alega que Claver-Carone presionó a funcionarios venezolanos para elegir a esta firma, un movimiento que dejó atónitos a los competidores de Wall Street por la falta de un proceso de licitación formal. Para diplomáticos experimentados como Todd Robinson, esto es «muy peligroso» y podría interpretarse como una forma de favoritismo que roza la corrupción.
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Lealtad sobre experiencia
La trayectoria de Claver-Carone ha estado marcada por la controversia. Tras ser el «ejecutor» de Trump en su primer mandato, fue expulsado de la presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en 2022 tras una investigación sobre una relación íntima con una empleada, algo que él siempre ha negado.
Su regreso a la órbita de poder de Trump subraya una tendencia de la actual administración: priorizar la lealtad personal sobre la carrera diplomática. Mientras más de cien puestos de embajadores permanecen vacantes, figuras como Claver-Carone operan al margen del escrutinio público, impulsando una agenda donde los intereses de EE. UU. van «primero», pero bajo reglas que solo unos pocos conocen.
Por ahora, los inversores observan con cautela. Mientras Claver-Carone asegura que su única motivación es que la política de Trump hacia Venezuela sea un éxito, el vacío de diplomáticos de carrera en la región sugiere que la estrategia se seguirá cocinando en cenas privadas y llamadas no registradas, lejos de la mirada del Congreso.
Redacción libre equipo DHH sobre informe de Daniel DePetris en telegraph.co.uk
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