Bolivia lucha entre la «batalla de batallas» y el desangre de sus derechos

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El presidente de Bolivia Rodrigo Paz ha calificado la actual crisis social y política como “la batalla de todas las batallas”. Mientras el Ejecutivo se atrinchera tras un discurso de institucionalidad y orden, el país cumple más de un mes bajo un asfixiante cerco de bloqueos que ya no solo estrangula la economía, sino que se cobra vidas en las carreteras.

06/03/2026. Durante la posesión del nuevo ministro de Defensa, Ernesto Justiniano, Paz lanzó un mensaje tajante: Bolivia se debate entre consolidar sus instituciones o retornar a un pasado donde “todo vale”. Para el mandatario, esta confrontación es el paso necesario para vencer una «guerra» más amplia contra la pobreza, el contrabando y la corrupción. Sin embargo, esta visión de «victoria» se apoya en una apuesta arriesgada: el Ejecutivo ha puesto en manos de la Asamblea Legislativa la posibilidad de un estado de excepción, bajo un argumento de carácter humanitario para despejar las rutas.

El costo humano: Siete derechos bajo fuego

Mientras en el Palacio de Gobierno se habla de estrategias, en las calles la realidad es devastadora. Según la Asamblea Iberoamericana de Derechos Humanos, el conflicto ha vulnerado al menos siete derechos fundamentales, siendo el más crítico el derecho a la vida. La cifra de fallecidos ha ascendido a nueve, incluyendo adultos mayores y menores de edad que no pudieron recibir atención médica a tiempo debido a la intransigencia de los bloqueos.

Incluso las misiones de auxilio están bajo ataque; recientemente, una ambulancia fue apedreada en el peaje de la autopista La Paz-El Alto, evidenciando un nivel de hostilidad que el Defensor del Pueblo ha tildado de «insostenible».

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Un país paralizado y más pobre

Las repercusiones económicas dibujan un futuro sombrío. La Fundación Jubileo ya advierte que la pobreza podría escalar hasta el 37% debido a esta crisis «multidimensional». El desabastecimiento es tal que sectores como el gastronómico reportan cerca de 80,000 negocios paralizados solo en La Paz, y la reposición de productos básicos como el pollo podría tardar hasta seis meses.

Bolivia se encuentra hoy en un laberinto de difícil salida. Por un lado, un Gobierno que confía en el respaldo de las Fuerzas Armadas y la Policía para «vencer»; por el otro, sectores movilizados que, según la CIDH, mantienen una escalada de conflictividad que impide el acceso a medicamentos y alimentos para los más vulnerables. En medio, una población que observa cómo el derecho a transitar, a educarse y a vivir se diluye entre piedras y decretos.

Redacción equipo DHH.

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