La FIFA apenas destina el 10% de lo que gana a los jugadores; el beisbol y el basket el 50%

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Terminó la Copa Mundial de la FIFA 2026 y, una vez apagadas las luces de los estadios, emerge una pregunta que trasciende el fútbol: ¿quién se queda realmente con el dinero del mayor espectáculo deportivo del planeta? La respuesta revela una diferencia notable con las grandes ligas profesionales de Estados Unidos y reabre el debate sobre la distribución de la riqueza en el deporte moderno.

07/20/2026. Los documentos financieros de la FIFA proyectan que el ciclo económico de 2023-2026 cerrará con ingresos cercanos a los 8.900 millones de dólares, impulsados principalmente por los derechos de televisión, el patrocinio y la venta de entradas.

Para el Mundial 2026, la FIFA elevó el monto destinado a las selecciones participantes hasta 871 millones de dólares, incluyendo premios deportivos, fondos de preparación y otros aportes económicos.

Sin embargo, cuando se compara esa cifra con los ingresos totales, el resultado es llamativo.

¿Qué porcentaje recibe realmente el fútbol?

Tomando como referencia los ingresos proyectados de 8.911 millones de dólares y una distribución total de 871 millones, apenas 9,8 % del dinero generado por el Mundial regresa directamente a las federaciones participantes.

Pero el porcentaje que finalmente llega a los jugadores es todavía menor.

En la mayoría de los países, la FIFA no paga directamente a los futbolistas. El dinero se entrega a las federaciones nacionales, que posteriormente deciden cuánto distribuir entre jugadores, cuerpos técnicos y otros gastos. En muchos casos, los futbolistas reciben entre 30 % y 60 % del premio otorgado a su selección, dependiendo de acuerdos internos.

Si se hace ese cálculo sobre el total de ingresos del Mundial, el dinero que termina en los bolsillos de los jugadores representa aproximadamente entre 3 % y 6 % de toda la riqueza generada por la Copa del Mundo.

En otras palabras:

  • FIFA y su estructura administran alrededor del 90 % de los ingresos generados por el torneo.
  • Los jugadores, verdaderos protagonistas del espectáculo, terminan recibiendo una fracción que rara vez supera el 6 %.

Puedes leer: Mundial 2026: Los números que coronaron a España (Infografía) – dehablahispana.com

El contraste con la NBA

La diferencia con el baloncesto profesional estadounidense es enorme.

En la NBA, el convenio colectivo establece que los jugadores reciben aproximadamente entre el 49 % y el 51 % de los ingresos relacionados con el baloncesto (Basketball Related Income). Si la distribución anual se desvía de ese rango, existen mecanismos automáticos de ajuste.

En otras palabras, por cada dólar que genera la NBA, cerca de la mitad termina en salarios para quienes producen el espectáculo.

El modelo del béisbol

La Major League Baseball (MLB) tampoco posee un límite salarial como la NBA, pero históricamente los jugadores reciben alrededor del 45 % al 50 % de los ingresos de la liga, gracias a décadas de negociación colectiva entre propietarios y sindicato.

Aunque ese porcentaje ha mostrado ligeras variaciones en los últimos años, continúa siendo varias veces superior a la participación económica que reciben los futbolistas durante una Copa Mundial.

Un modelo completamente diferente

La diferencia radica en la naturaleza de cada organización.

La NBA y la MLB son ligas comerciales cuyos ingresos se negocian directamente con los sindicatos de jugadores.

La FIFA, por el contrario, se define como una organización sin fines de lucro que administra el fútbol mundial. La mayor parte de sus recursos, sostiene el organismo, se redistribuye posteriormente mediante programas de desarrollo, inversiones en infraestructura, apoyo a federaciones nacionales y proyectos deportivos en sus 211 asociaciones miembro.

No obstante, desde una perspectiva económica, el contraste sigue siendo evidente.

El verdadero debate

El Mundial existe porque los mejores futbolistas del planeta ofrecen un espectáculo capaz de movilizar miles de millones de espectadores y patrocinadores.

Sin Lionel Messi, Lamine Yamal, Kylian Mbappé, Erling Haaland o Jude Bellingham —o las futuras estrellas que ocupen ese lugar— el valor comercial del torneo sería incomparablemente menor.

Sin embargo, el modelo financiero del fútbol internacional continúa concentrando la mayor parte de la riqueza en la institución organizadora y no en quienes producen directamente el espectáculo.

Los defensores del sistema responden que la FIFA financia miles de proyectos de desarrollo en países donde el fútbol apenas dispone de recursos y que esa redistribución permite que el deporte crezca globalmente.

Los críticos sostienen que ambas cosas no son incompatibles: es posible seguir financiando el desarrollo mundial del fútbol mientras los protagonistas reciben una participación más cercana a la que existe en otros deportes profesionales.

Un debate que apenas comienza

La expansión del Mundial a 48 selecciones incrementó de forma histórica los ingresos y también los premios económicos. Pero el crecimiento de la bolsa de premios no ha seguido el mismo ritmo que el crecimiento del negocio.

Mientras el fútbol continúa consolidándose como el espectáculo deportivo más visto del planeta, la discusión ya no gira únicamente alrededor de quién levanta la Copa del Mundo.

También gira alrededor de una pregunta cada vez más incómoda: si los jugadores son quienes generan la riqueza, ¿deberían seguir conformándose con menos del 10 % del negocio mientras otros deportes reparten cerca de la mitad de sus ingresos entre quienes saltan al terreno de juego?

Redacción equipo DHH sobre lectura de medios y ayuda de IA.

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