La tranquilidad de la precampaña brasileña se ha visto interrumpida por un estruendo judicial que apunta directamente al corazón de la familia presidencial. Fábio Luís Lula da Silva, conocido popularmente como “Lulinha”, se encuentra ahora bajo el escrutinio oficial de la Policía Federal, luego de que el magistrado de la Corte Suprema, André Mendonça, autorizara una serie de investigaciones por presunto tráfico de influencias.

08/01/2026. Este movimiento judicial no es una simple coincidencia de calendario. La noticia estalla apenas tres días antes de que el presidente Luiz Inácio Lula da Silva sea oficializado como candidato para buscar su cuarto mandato en las elecciones de octubre.
Cannabis y datos públicos: El mapa de las sospechas
Las investigaciones contra el primogénito de Lula, quien actualmente reside en España, se ramifican en dos frentes principales que tocan fibras sensibles del Estado:
- El negocio del cannabis medicinal: Se busca determinar si Lulinha intervino ante el Ministerio de Salud para favorecer a un lobista, hoy detenido, en un esquema vinculado a fraudes millonarios contra jubilados y pensionados.
- Influencia en Dataprev: La justicia también rastrea supuestas gestiones irregulares para beneficiar a un empresario tecnológico en la empresa pública que custodia la base de datos del seguro social (INSS). Según informes policiales, este empresario habría costeado, al menos, un viaje para el hijo del mandatario a cambio de favores gubernamentales.
“Sin privilegios”: La postura de un padre en campaña
Ante la tormenta, el presidente Lula ha optado por una postura de distancia institucional. Durante una entrevista, el mandatario fue enfático al declarar que su hijo recibirá el mismo trato que cualquier otro ciudadano y que jamás pediría a un juez o policía actuar de manera incorrecta. “Tendrá que probar que es inocente”, sentenció el jefe de Estado, buscando blindar su imagen de cara a los comicios.
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Pirotecnia y pesca probatoria
Desde la trinchera legal, la defensa de Lulinha no ha tardado en contraatacar. Sus abogados califican las acciones de la Policía Federal como una “pirotecnia” mediática y un intento de “pesca probatoria”; es decir, una búsqueda genérica de delitos sin un foco específico para dañar la reputación de su cliente.
Mientras tanto, el ruido político aumenta. Figuras de la oposición, como el senador Flávio Bolsonaro —quien se medirá con Lula en las urnas—, ya denuncian un supuesto trato desigual, cuestionando qué pasaría si las sospechas recayeran sobre su propia familia. Con el inicio oficial de la campaña a la vuelta de la esquina, el caso de Lulinha se perfila como el talón de Aquiles de la narrativa oficialista en un Brasil polarizado.
Redacción equipo DHH sobre lectura de medios.
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