El desembarco del Grupo Gilinski en el sector petrolero venezolano no fue un movimiento improvisado, sino el resultado de una negociación de alto voltaje político y económico. Bajo la administración interina de Delcy Rodríguez —respaldada por Washington en su intento de estabilizar la economía tras la caída de Nicolás Maduro— se aprobó una reforma clave de la Ley de Hidrocarburos que habilitó contratos más flexibles y con mejores condiciones fiscales para empresas privadas.

09/07/2026. En ese nuevo marco, GeoPark —firma en la que Jaime Gilinski se convirtió en accionista mayoritario con el 53% de participación— obtuvo un contrato para operar durante 25 años el bloque Bare, ubicado en la Faja del Orinoco, una de las mayores reservas de crudo pesado del planeta. El acuerdo le otorga a la compañía una participación neta del 65%, el derecho a vender directamente su porción de petróleo y la obligación de financiar la totalidad de los gastos de capital.
El campo Bare produce actualmente 11.000 barriles diarios, pero los estudios internos estiman que podría escalar hasta 95.000 barriles diarios, convirtiéndose en uno de los activos más prometedores de la región.
Este movimiento se suma a la expansión previa del grupo en Venezuela: la compra de Industrias Tío Rico, el mayor fabricante de helados del país, realizada a través de Nutresa. Con esta doble apuesta —alimentos y petróleo— Gilinski consolida una presencia estratégica en un país que intenta reconstruir su industria energética tras años de sanciones, corrupción y caída productiva.
¿Quiénes son los Gilinski y por qué importa su llegada?
El Grupo Gilinski, liderado por Jaime Gilinski, es uno de los conglomerados más influyentes de América Latina. Su portafolio abarca servicios financieros, alimentos, medios de comunicación, bienes raíces y empresas de consumo en múltiples países.
En el sector energético, su apuesta se canaliza a través de GeoPark, compañía con operaciones en Colombia y proyectos en Argentina, especialmente en Vaca Muerta. En marzo, Gilinski desembolsó 107 millones de dólares para adquirir el 20% de la empresa, movimiento que luego amplió hasta convertirse en su accionista mayoritario.
La expansión en Venezuela no solo fortalece su presencia regional: también lo posiciona como uno de los actores privados con mayor capacidad para influir en la reactivación petrolera del país, un terreno históricamente dominado por grandes multinacionales como Chevron, Repsol y Eni. Hoy, sin embargo, son las empresas medianas —más ágiles y dispuestas a asumir riesgo— las que están capitalizando las oportunidades abiertas por la nueva política energética venezolana.

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Un movimiento con impacto regional
Si las proyecciones se cumplen, la incorporación del bloque Bare y el crecimiento en Vaca Muerta podrían llevar la producción total de GeoPark a entre 75.000 y 85.000 barriles diarios para 2030, más del doble de su nivel actual.
Para Venezuela, la llegada del Grupo Gilinski representa una señal de apertura: inversión privada, capital fresco y un actor internacional con músculo financiero en un momento en el que la producción petrolera apenas alcanza un tercio de lo que fue antes del chavismo.
Para Colombia y la región, es la confirmación de que el conglomerado está dispuesto a jugar en las ligas más complejas del continente.
Redacción equipo DHH.
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