Colombia bajo asedio: el escape del posible asesinato a Petro y la libertad recobrada de Aída Quilcué

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Una jornada que ha puesto a prueba la estabilidad institucional de Colombia fue este martes, donde el presidente Gustavo Petro reveló haber sorteado un intento de magnicidio en los cielos del Caribe, mientras, casi simultáneamente, el país contenía el aliento ante el secuestro y posterior liberación de la senadora indígena Aída Quilcué en las montañas del Cauca.

02/10/2026. El mandatario nacional denunció que la noche del pasado lunes 9 de febrero, su vida y la de sus hijos estuvieron en grave peligro mientras se desplazaban en helicóptero sobre el departamento de Córdoba. Según el relato de Petro, la aeronave tuvo que realizar una maniobra de emergencia, navegando sobre mar abierto durante cuatro horas para evitar ser alcanzada por disparos desde tierra. «Me estaba escapando de que me maten», sentenció el jefe de Estado, quien vinculó este plan a una «nueva junta del narcotráfico» y a disidencias comandadas por alias Iván Mordisco.

Este pico de violencia ocurre en un contexto político inflamable, a solo tres meses de los comicios electorales y tras la suspensión de diálogos con el Clan del Golfo. La tensión escaló aún más cuando el presidente informó la destitución de un general de la policía, acusado de intentar sabotear su reciente encuentro con Donald Trump mediante la implantación de sustancias ilícitas en el vehículo presidencial.

El Cauca respira: El regreso de la senadora Aída Quilcué tras horas de cautiverio

Mientras la noticia del atentado presidencial sacudía la capital, en el suroeste del país se vivían momentos de angustia por la desaparición de la senadora del Pacto Histórico, Aída Quilcué. La congresista fue interceptada por un grupo armado no identificado mientras transitaba por el páramo de Totoró, una zona históricamente golpeada por el conflicto.

Quilcué relató que ella y su esquema de seguridad fueron conducidos a la fuerza hacia la montaña, permaneciendo retenidos en «unos huecos» bajo la mira de hombres fuertemente armados. No obstante, la rápida movilización de la Guardia Indígena del CRIC y la presión ejercida por la Fuerza Pública obligaron a los captores a huir del lugar, dejando a la senadora a salvo.

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Este suceso tuvo una carga emocional profunda para la lideresa nasa, ya que la retención ocurrió en el mismo sector donde, en 2008, fue asesinado su esposo, el líder Edwin Legarda. Tras su liberación, Quilcué agradeció a los «espíritus» y a la solidaridad nacional que permitió su regreso, mientras el Gobierno Nacional calificó el acto como una agresión directa contra los liderazgos étnicos del país.

Redacción Tony Romero para DHH.

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