«Las misiones médicas de Cuba muestran elementos de trata de personas»

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El presidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Stuardo Ralón, dio detalles a El Observador USA sobre el informe que muestra el lado B de las misiones médicas de Cuba. Fuertes hallazgos y recomendaciones a los Estados receptores, su opinión sobre la crisis en Cuba y los presos políticos en Venezuela.

Presidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Stuardo Ralón

04/11/2026. Desde Miami, en el Museo Americano de la Diáspora Cubana, el presidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Stuardo Ralón, ofreció a El Observador USA una radiografía cruda y meticulosa del programa de misiones médicas cubanas, un emblema del régimen que —según él— esconde un engranaje de control, coerción y violaciones sistemáticas de derechos humanos.

Ralón, jurista de trayectoria y actual relator para Cuba, presentó los hallazgos del más reciente informe de la CIDH: un documento de casi 200 páginas construido a partir de 71 testimonios directos de profesionales de la salud enviados al extranjero. El resultado, afirma, desmonta la narrativa de “solidaridad médica” que La Habana ha promovido durante décadas.

Según el informe, las misiones generan miles de millones de dólares para el Estado cubano —solo en 2022 reportaron 4.482 millones—, pero ese flujo económico se sostiene sobre prácticas que vulneran derechos laborales y libertades básicas. Los testimonios describen retención de pasaportes, amenazas de prisión, prohibiciones de reingreso por hasta ocho años, aislamiento social y la obligación de realizar tareas políticas ajenas a la labor sanitaria.
Para Ralón, la combinación de estos elementos constituye indicadores de trabajo forzoso y posibles conexiones con la trata de personas, aunque la determinación jurídica final corresponde a procesos caso por caso.

El presidente de la CIDH subraya que estas prácticas no son accidentes, sino que están respaldadas por normativa oficial del propio régimen, diseñada para mantener el control sobre los profesionales incluso fuera de la isla. Y advierte que los países receptores —entre ellos Venezuela, México y naciones de Centroamérica— no pueden alegar desconocimiento: tienen la obligación de garantizar condiciones laborales dignas y canales de denuncia.

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La conversación también derivó hacia la crisis humanitaria en Cuba, que la CIDH volvió a ubicar en el capítulo 4B de su informe anual, reservado para países sin elementos esenciales de democracia. Ralón responsabiliza directamente al Estado cubano por el deterioro económico, el desabastecimiento y las violaciones sistemáticas de derechos humanos.

Sobre Venezuela, confirmó que la CIDH ha solicitado una visita “in loco” para verificar la situación de los presos políticos, a quienes considera piezas clave para cualquier transición democrática. Y respecto a México, adelantó que la Comisión prepara un informe propio sobre desapariciones, sin entrar en el reciente cruce entre la ONU y el gobierno de Claudia Sheinbaum.

Con tono firme pero técnico, Ralón insiste en que la región vive un momento decisivo. Su mensaje final es claro: sin derechos humanos, no hay democracia posible, y los Estados ya no pueden mirar hacia otro lado.

Redaccion Tony Romero para DHH a partir de lectura de nota de El Observador USA

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