Cuba: el ruido de Canaleta pasa por encima del silencio de las negociaciones

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El estallido comenzó donde el silencio suele ser ley: tras los muros de la prisión de máxima seguridad de Canaleta, en Ciego de Ávila. Lo que inició en Cuba como una denuncia por el hambre extrema y los abusos sistemáticos se transformó en un motín masivo donde los reclusos, al grito de «libertad», desafiaron al régimen en un acto de desesperación absoluta.

02/19/2026. La respuesta del Estado fue contundente: fuerzas policiales de refuerzo irrumpieron en el penal utilizando balas de goma, gas pimienta y violencia física para sofocar la revuelta. Mientras organizaciones como Prisoners Defenders y el Centro de Documentación de Prisiones Cubanas (CDPC) reportan posibles muertes aún no confirmadas, el incidente ha puesto al descubierto la cruda realidad de un sistema penitenciario que acumuló 1,330 violaciones de derechos humanos en un solo año.

Esta explosión de furia en las cárceles no es un hecho aislado, sino el síntoma más crítico de una nación que se desmorona bajo décadas de represión y medidas económicas fallidas. En los centros de reclusión, el panorama es desolador: se han documentado métodos de tortura como «la cama turca» y «la bicicleta», además de una alarmante falta de atención médica que ha cobrado la vida de decenas de internos. Fuera de las rejas, la situación no es mejor; la población civil lidia con apagones interminables, escasez de combustible y una crisis alimentaria que ha obligado al régimen a anunciar nuevos esquemas de distribución para la canasta básica.

En medio de este caos interno, el tablero internacional se mueve de manera ambigua. Mientras el analista político Art Estopiñán asegura que el pueblo cubano está ansioso por la libertad y que la Administración Trump, junto al secretario de Estado Marco Rubio, liderarán el fin del comunismo en la isla, los canales oficiales de La Habana mantienen una postura defensiva. El Gobierno cubano ha calificado como «especulación» los reportes sobre contactos discretos entre Marco Rubio y el nieto de Raúl Castro, insistiendo en que cualquier diálogo debe basarse en el respeto a su soberanía y sin presiones externas.

A pesar de las negativas diplomáticas, los hechos sugieren un cambio de dinámica: por primera vez en décadas, el ICE ha comenzado a deportar criminales cubanos directamente a la isla, un movimiento que coincide con la presión máxima ejercida desde Washington sobre el suministro energético del país. Mientras el régimen intenta contener la narrativa y las protestas con puño de hierro, la imagen de sábanas blancas con la consigna «SOS Patria y Vida» colgadas en las celdas de Canaleta resuena como un recordatorio de que la crisis en Cuba ha alcanzado un punto de no retorno.

Redacción Albitrio Fabrepe para DHH.

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