La Habana se encuentra hoy en el epicentro de una tormenta perfecta donde la geopolítica, la escasez extrema y las amenazas de intervención militar han puesto al gobierno cubano en su situación más precaria en décadas.

01/20/2026. Mientras China intenta lanzar un tanque de oxígeno económico, Estados Unidos ha intensificado un cerco que busca asfixiar definitivamente los suministros de la isla.
El alivio que llega desde el Este
En un momento en que la mesa del cubano enfrenta una escasez crítica, el gobierno de Pekín ha aprobado un paquete de ayuda de emergencia que incluye 80 millones de dólares en asistencia financiera y un donativo masivo de 60,000 toneladas de arroz. El embajador chino en La Habana, Hua Xin, formalizó este apoyo ante el presidente Miguel Díaz-Canel, quien destacó la «intensa actividad» de la diplomacia asiática para paliar una crisis que ya ha provocado una contracción económica acumulada del 11% en los últimos cinco años.
La industria en jaque: El declive del níquel
Sin embargo, el apoyo financiero choca contra una realidad operativa devastadora. Sherritt International, el socio extranjero más importante de Cuba en la minería, ha reconocido «desafíos operativos significativos». La producción de níquel y cobalto en la planta de Moa cayó drásticamente en 2025 debido a la falta de divisas, los constantes apagones y los estragos del huracán Melissa. Esta caída en la producción de minerales representa un golpe demoledor, ya que estos productos son, junto al turismo, la principal fuente de divisas para el régimen.
El factor Trump y el fin del crudo venezolano
El panorama se oscureció drásticamente tras el 3 de enero de 2026, fecha en la que la captura de Nicolás Maduro por parte de fuerzas estadounidenses cambió el tablero regional. La administración de Donald Trump no tardó en actuar, cortando el suministro de petróleo venezolano que cubría el 30% de las necesidades energéticas de Cuba. Con un contundente «¡Cero petróleo para Cuba!», Trump ha calificado a la isla como una «nación fallida», sugiriendo que el país está al borde del colapso total al perder su principal sustento externo.
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Retórica de guerra y un futuro incierto
La respuesta de La Habana no ha sido de capitulación. Ante las sugerencias de Trump de que Cuba debería «llegar a un acuerdo» o enfrentar consecuencias mayores, Díaz-Canel ha rechazado cualquier negociación bajo coerción, afirmando que están dispuestos a defender la isla «hasta con la última gota de sangre». Como medida de presión final, el Consejo Nacional de Defensa de Cuba ha actualizado sus planes para declarar el estado de guerra, enviando un mensaje claro de resistencia hacia Washington.
Hoy, Cuba sobrevive en un equilibrio imposible: alimentada por el arroz de China, pero con sus motores industriales detenidos y bajo la sombra de una confrontación directa con la Casa Blanca que podría redefinir el futuro del hemisferio.
Redacción Albitrio Fabrepe para DHH.
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