El régimen de Cuba se tambalea en la cuerda floja, presionado por una crisis energética devastadora y una advertencia sin precedentes desde Washington: «el Gobierno cubano está en las últimas».

02/07/2026. Mientras el Palacio de la Revolución intenta proyectar una imagen de resistencia inquebrantable, las grietas internas sugieren que la estructura del poder en La Habana busca desesperadamente un salvavidas antes del hundimiento definitivo,.
El ultimátum de Washington y el «Estado de Guerra»
La Casa Blanca ha dejado de lado los sutiles lenguajes diplomáticos. Karoline Leavitt, portavoz de la administración Trump, ha instado a la prudencia a Miguel Díaz-Canel, subrayando que el país está a punto de colapsar. Por su parte, el dirigente cubano ha respondido con una retórica inflamada, exigiendo más «sacrificio» a una población ya asfixiada por el bloqueo energético y advirtiendo que la isla está preparada para un «pase al estado de guerra» si fuera necesario,,.
Esta postura desafiante coincide con la reciente captura del aliado estratégico Nicolás Maduro en Venezuela, un evento que ha puesto al régimen cubano en una situación de vulnerabilidad extrema y lo ha obligado a desplegar planes de defensa ante lo que consideran una amenaza inminente.
Diplomacia bajo la mesa: El papel de México
A pesar de las constantes negativas públicas de Díaz-Canel sobre la existencia de diálogos, diversas fuentes señalan que México está actuando como mediador en conversaciones secretas,. En este tablero de sombras, Alejandro Castro Espín, hijo de Raúl Castro, surge como una pieza clave para intentar restablecer el suministro de crudo y evitar el apagón total de la isla. El propio régimen ha comenzado a suavizar su discurso de «líneas rojas», sugiriendo que, bajo ciertas condiciones, «se puede hablar de todo», una apertura que huele más a supervivencia que a convicción ideológica.
Oscar Pérez-Oliva Fraga: ¿El «Delfín» tecnócrata?
Ante el desgaste evidente de la vieja guardia y el descrédito de la figura de Díaz-Canel, ha emergido un nombre con fuerza en los pasillos del poder: Oscar Pérez-Oliva Fraga,. Este ingeniero de 54 años, sobrino-nieto de los hermanos Castro, es visto por analistas como el «Delcy Rodríguez cubano», un tecnócrata de bajo perfil, pero con conexiones directas en la estructura económica y militar de GAESA.
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A diferencia de sus predecesores, Pérez-Oliva no arrastra el estigma de la «mano dura» política, habiéndose forjado en el área del comercio exterior y la inversión extranjera,. Su reciente ascenso a diputado y su cargo como viceprimer ministro lo posicionan legalmente para una posible sucesión presidencial. Para muchos, él representa la carta de «transformación económica» que el régimen podría jugar para intentar una negociación reformista con los Estados Unidos y garantizar la permanencia de la dinastía familiar bajo una nueva fachada.
El destino de Cuba parece hoy una carrera contra el reloj: o el colapso total por la asfixia económica, o una transición controlada hacia un modelo tecnocrático liderado por las nuevas generaciones del castrismo que, ante el abismo, han entendido que la rendición podría ser, después de todo, la única opción para no terminar en una celda.
Redacción Elena Calzadilla sobre lectura libre de medios para DHH.
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