El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha puesto sobre la mesa la posibilidad de una «toma amistosa» (friendly takeover) de Cuba. Durante una charla con periodistas en la Casa Blanca, el mandatario deslizó esta ambigua propuesta, asegurando que su secretario de Estado, Marco Rubio, ya mantiene conversaciones de «muy alto nivel» con las autoridades de la isla.

02/27/2026. Aunque el alcance de este término —común en el mundo empresarial para referirse a adquisiciones de mutuo acuerdo— no ha sido aclarado, se interpreta como un intento de Washington por ejercer una influencia determinante en un momento en que el régimen de La Habana parece tocar fondo.
Sin embargo, detrás de la retórica diplomática de la Casa Blanca, la realidad en las calles cubanas dista mucho de ser «amistosa». La isla se enfrenta a lo que analistas denominan «la madre de todas las crisis», un escenario de asfixia económica que supera en precariedad al fatídico Periodo Especial de los años 90.
Un país a oscuras y entre basura
Hoy, el paisaje de La Habana está marcado por montañas de residuos que arden en las esquinas, un intento desesperado de los ciudadanos por eliminar focos de infección ante la falta de recolección. El humo tóxico, que provoca ardor de garganta y contaminación, se ha convertido en el nuevo aroma de una capital que ya no recibe petróleo. El colapso es energético y sistémico: desde el 3 de enero de 2026, tras la caída de Nicolás Maduro en Venezuela, Cuba perdió el 80% de su suministro vital de crudo.
El «jaque mate» económico
La situación ha escalado a un punto de no retorno debido a varios factores críticos. El Gobierno de Miguel Díaz-Canel ha confirmado que no ha llegado ni un solo buque petrolero en lo que va de año, obligando a un racionamiento extremo que amenaza con paralizar la producción de alimentos y el transporte. El mercado informal ha llevado el tipo de cambio a los 500 pesos por dólar, destruyendo el poder adquisitivo de una población que ya sufre escasez de medicamentos y alimentos básicos.
Aliados históricos como México han detenido sus envíos de crudo por temor a represalias de Washington, mientras que países como Nicaragua han bloqueado el ingreso de cubanos para evitar una oleada migratoria.
¿El fin de una era?
A diferencia de crisis anteriores, el régimen actual carece de la legitimidad histórica de los Castro y se enfrenta a una infraestructura energética devastada por 30 años de falta de inversión. Expertos señalan que el decreto firmado por Trump, que sanciona a cualquier país que venda petróleo a la isla, actúa como un «agente activo de cambio» destinado a forzar un colapso del sistema.
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Mientras Rusia y China observan desde la distancia, priorizando sus propios intereses estratégicos, la población cubana se encuentra «contra la pared». La propuesta de una «toma amistosa» por parte de Trump surge justo cuando el descontento social alcanza niveles máximos, con protestas que, según analistas, podrían estallar a escala nacional en cuestión de semanas debido a la insoportable presión económica.
¿Es esta oferta de Washington una salida diplomática para una élite política acorralada o el anuncio de una absorción inevitable ante el desplome inminente de la última trinchera marxista en el hemisferio? Por ahora, lo único certero es que Cuba vive su crisis más seria de la historia y el margen de maniobra para Díaz-Canel se ha agotado.
Redaccion Albitrio Fabrepe para DHH.
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