El hombre que durante años fue considerado el «número dos» del chavismo, Diosdado Cabello, se encuentra hoy en una encrucijada determinante para su futuro y el de Venezuela. Tras el derrocamiento de Nicolás Maduro, el gobierno de los Estados Unidos ha lanzado un ultimátum directo al actual ministro del Interior: o se convierte en un aliado pragmático para la transición o será el próximo gran objetivo de la justicia norteamericana.

01/06/2026. La estrategia de Washington, bajo la administración de Donald Trump, es tan paradójica como calculada. A pesar de que Cabello controla fuerzas de seguridad señaladas por abusos sistemáticos a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad, Estados Unidos lo considera una «pieza funcional» necesaria para mantener el orden interno y evitar un vacío de poder. La advertencia, enviada a través de intermediarios, es letalmente clara: si se muestra desafiante, podría terminar en una celda en Nueva York enfrentando cargos por narcoterrorismo, el mismo destino que sufrió Maduro, o incluso ver su vida en peligro.
Delcy Rodríguez: La apuesta tecnócrata de la Casa Blanca
Mientras Cabello es visto como un mal necesario para la contención, Washington ha identificado a Delcy Rodríguez como el eje central de su plan de gobernanza temporal,. Los asesores estadounidenses la perciben como una tecnócrata capaz de facilitar tres objetivos urgentes para Trump:
- Apertura de la industria petrolera en términos favorables para empresas de EE. UU.,.
- Una ofensiva contundente contra el narcotráfico.
- La expulsión inmediata del personal de seguridad cubano y el fin de la cooperación con Irán.
Sin embargo, esta alianza forzada es frágil. Existe una histórica rivalidad entre Rodríguez y Cabello, y los funcionarios estadounidenses temen que el historial represivo de este último lo lleve a actuar como un saboteador del proceso,. Por ello, mientras le exigen cooperación, también buscan formas de expulsarlo eventualmente del poder y enviarlo al exilio,.
Un equilibrio peligroso sobre el asfalto
La cautela de Washington al tratar con Cabello no es gratuita. Eliminarlo abruptamente del panorama político conlleva el riesgo de activar a los colectivos (grupos de motociclistas progubernamentales), lo que desataría el caos civil que Estados Unidos desea evitar a toda costa para no tener que enviar tropas al terreno. Junto a Cabello, el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, también permanece bajo vigilancia; aunque de él se espera una mayor disposición a alinearse con Washington a cambio de una salida segura.
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En este complejo tablero, la oposición liderada por María Corina Machado ha sido relegada momentáneamente, ya que evaluaciones de la CIA sugieren que los antiguos colaboradores de Maduro están en una mejor posición para dirigir el país de manera interina y garantizar la calma necesaria para los intereses petroleros,,.
Para entender la situación de Cabello, podemos imaginarlo como un domador de leones en una jaula que se incendia: Washington necesita que siga manteniendo a las fieras bajo control para que el fuego no se extienda, pero ya tiene lista la cadena para llevárselo en cuanto el incendio se extinga o el domador pierda el látigo.
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