Lo que parecía ser una jornada tranquila en el poblado de El Amarradero, en Ipiales, se transformó en un incidente internacional cuando una familia campesina descubrió, a escasos 50 o 60 metros de su hogar, un visitante inesperado y letal: una bomba de caída libre tipo MK de 250 kilogramos y 1,50 metros de largo. El artefacto, que no llegó a estallar, ha desatado una tormenta diplomática en un momento donde las relaciones entre Bogotá y Ecuador ya estaban caldeadas por una fuerte disputa arancelaria.

03/18/2026. El misterio comenzó a resolverse tras una cumbre virtual de 90 minutos entre los ministros de Defensa, Pedro Sánchez (Colombia) y Gian Carlo Loffredo (Ecuador). Las autoridades ecuatorianas confirmaron que el proyectil pertenecía a su Fuerza Aérea y fue empleado el pasado 3 de marzo en una operación contra grupos criminales en Sucumbíos, una zona selvática fronteriza. Sin embargo, la gran pregunta sigue en el aire: ¿cómo terminó un artefacto ecuatoriano en suelo colombiano?
Existen dos teorías principales que la recién creada Comisión Técnica Binacional deberá resolver:
- La inercia de la física: El comandante de la Fuerza Aeroespacial Colombiana sugiere que, al no explotar en su objetivo inicial en Ecuador, el artefacto pudo continuar su trayectoria por inercia hasta cruzar la frontera.
- Agentes externos: Se investiga si el pesado proyectil pudo ser movilizado posteriormente por terceros hacia el interior de Colombia.
Mientras el presidente Gustavo Petro insiste en que la presencia de la bomba es un hecho comprobado y que «el peso de la misma no permite que haya sido arrastrada por campesinos», su homólogo Daniel Noboa ha calificado inicialmente algunas acusaciones como falsas, aunque ambos gobiernos han optado por la vía diplomática para calmar las aguas.
El artefacto ya fue detonado de manera controlada por expertos para eliminar el peligro, pero la investigación apenas comienza para asegurar que la seguridad en la frontera no sea negociable.
Redacción Tony Romero para DHH.
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