Gorbachov a la presidenta venezolana: «Si solo gana tiempo para permanecer en el poder, será devorada por la próxima crisis» 

Comparte!!!

El equipo de dehablahispana se encuentra en un espacio atemporal frente al hombre que vio desmoronarse un imperio. Mijaíl Gorbachov, con su característica mancha en la frente y una mirada cargada de la melancolía que deja el haber sido el «pionero involuntario» de una transformación que no pudo controlar del todo, accede a analizar la actual coyuntura de Venezuela bajo el mando de Delcy Rodríguez.

01/31/2026.

Sr. Gorbachov, usted asumió una URSS en crisis, estancada y con un gasto militar insostenible. Hoy, Delcy Rodríguez recibe una Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro. ¿Encuentra similitudes en el origen de estas transiciones?

Gorbachov: Las crisis de sistemas cerrados siempre huelen igual: a estancamiento económico y descontento generalizado. Yo quería modernizar el sistema para hacerlo más eficiente, y veo que la Sra. Rodríguez intenta lo mismo al abrir el sector petrolero a la privatización. Mi consejo para ella es: no subestime el hambre de cambio; cuando la gente siente que el sistema se agrieta, la presión interna y externa se vuelve una fuerza de la naturaleza difícil de canalizar.

Usted impulsó la Perestroika (reconstrucción). Delcy Rodríguez propone ahora una reforma a la Ley de Hidrocarburos para atraer inversión extranjera. ¿Es esta la perestroika venezolana?

Gorbachov: Es un intento de pasar de una planificación centralizada a una economía de mercado, tal como intenté yo. Pero cuidado, Delcy: la apertura económica sin un respaldo institucional sólido genera un vacío que suelen llenar los oligarcas, como ocurrió en mi país. Atraer inversión es vital, pero si no se beneficia al ciudadano común, solo estará cambiando una élite por otra mientras el pueblo sigue en la miseria.

El Glasnost (apertura) permitió el debate público en la URSS. En Venezuela se habla de una ley de amnistía. ¿Qué riesgos corre ella al liberar esas «fuerzas» políticas?

Gorbachov: El Glasnost permitió libertades de expresión sin precedentes, pero también permitió que los problemas reprimidos por décadas explotaran en la cara del gobierno. Si ella otorga amnistía, debe estar preparada para que esas voces no solo agradezcan, sino que exijan su salida. La apertura es peligrosa si no se acompaña de estabilidad; una vez que permites que la verdad salga a la luz, ya no puedes volver a ponerle el velo de la censura.

Usted enfrentó presiones de Occidente y de Reagan. Rodríguez hoy lidia con un Donald Trump que alaba su «liderazgo fuerte» mientras mantiene la presión militar. ¿Cómo se baila con el rival?

Gorbachov: Yo logré acuerdos de reducción de armas porque entendí que la confrontación era insostenible. Ella está haciendo un equilibrismo político: ofrece concesiones a Washington mientras mantiene una retórica antiimperialista para su base. Mi consejo: sea transparente con sus aliados internos, porque la sombra de la traición es el arma más letal de sus enemigos en el Partido.

En la URSS, la élite reformista quería salvar el sistema, pero terminó destruyéndolo. ¿Cree que el «Rodrigato» podrá preservar el chavismo reformándolo?

Gorbachov: Esa es la paradoja más dolorosa: reformar para salvar puede ser el principio del fin. La élite soviética quería reformas controladas sin perder el poder, pero las fuerzas que desatamos se volvieron incontrolables. Delcy debe saber que el sistema que intenta salvar está diseñado para ser cerrado; al intentar abrirlo, es muy probable que los cimientos mismos se fracturen.

Usted fue atacado tanto por los conservadores del Partido Comunista como por los reformistas. Rodríguez vive algo similar. ¿Cómo se gobierna bajo ese fuego cruzado?

Gorbachov: Es una posición de aislamiento total. Los ortodoxos la verán como una traidora y la oposición como un símbolo del pasado opresivo. Yo le diría: apóyese en la gestión y en los resultados, no en la ideología. Si los mercados abren y la vida cotidiana mejora, tendrá una base real, pero no espere que ninguno de los dos bandos la ame realmente.

Las repúblicas soviéticas se rebelaron ante la debilidad del centro. ¿Podría ocurrir una fragmentación similar en los grupos de poder en Venezuela?

Gorbachov: La tolerancia a la disidencia hace emerger ambiciones reprimidas. En Venezuela, si las facciones militares o regionales sienten que el centro —el «Rodrigato»— es débil o está bajo tutela externa, buscarán su propio beneficio. Ella debe mantener el control institucional con mano de seda pero firme, o el país se le desintegrará en las manos como se me desintegró a mí la Unión.

Usted no era un líder carismático al estilo tradicional, al igual que se dice de ella. ¿Es posible construir legitimidad solo con «eficiencia»?

Gorbachov: Yo tenía una mente abierta y pragmática, lo cual era inusual en mi partido. Ella intenta construir una legitimidad de gestión ante la falta de carisma masivo. Mi consejo es que no se confíe solo en el apoyo de fuerzas externas, como la marina estadounidense; la legitimidad real solo nace de un proceso de democratización que ella parece querer evitar.

Puedes leer: Amnistía en Venezuela: del Capitán derrotado, las peticiones sensatas hasta la vulnerabilidad manifiesta

Se dice que ella está «comprando tiempo a cuentagotas». ¿Fue esa su estrategia también?

Gorbachov: Comprar tiempo es útil solo si tienes un plan a largo plazo. Yo intenté reformas graduales, pero la realidad se movía más rápido que mi burocracia. Si ella solo gana tiempo para permanecer en el poder sin cambios profundos, terminará siendo devorada por la próxima crisis. El tiempo es un aliado traicionero en tiempos de revolución.

Sr. Gorbachov, finalmente, ¿qué legado le espera a alguien que intenta cambiar un sistema desde adentro y termina siendo odiado por muchos?

Gorbachov: Le espera la ambivalencia de la historia. Unos la verán como la mujer que evitó una masacre y abrió el camino a la democracia, y otros como la que entregó la soberanía. Mi frase final para ella es: «No hay nada más peligroso que la ausencia de reformas». Es preferible ser el arquitecto de un nuevo orden, aunque sea doloroso, que el capitán que se hunde con un barco que ya no tiene motor.

Al cerrar este encuentro imaginario, queda una reflexión profunda sobre la paradoja de la reforma desde adentro: la historia de Gorbachov nos enseña que intentar modernizar un sistema rígido para salvarlo suele ser el primer paso hacia su propia disolución. Mientras Delcy Rodríguez intenta aplicar una «perestroika caribeña» mediante privatizaciones petroleras y amnistías para «comprar tiempo» y construir una legitimidad basada en la gestión, se enfrenta al mismo peligro soviético: la apertura desata fuerzas sociales y políticas que, una vez en movimiento, son casi imposibles de controlar por la élite que las originó.

Para el lector, la lección final reside en la ambivalencia del legado político en tiempos de crisis. Gorbachov terminó siendo un «pionero involuntario» de una transformación que no planeó del todo, habitando un espacio donde fue odiado por los ortodoxos como un traidor y por los reformistas como un símbolo del pasado. De manera similar, Rodríguez navega hoy bajo la sombra de la sospecha interna y el pragmatismo externo, tratando de evitar que el sistema se fracture mientras introduce cambios que lo debilitan institucionalmente. Al final, estas transiciones nos invitan a cuestionar si estamos ante el nacimiento de una democracia real o simplemente ante una metamorfosis de las élites para sobrevivir en un nuevo orden que nadie esta en capacidad de configurar.

Redacción elena Calzadilla para DHH con apoyo de IA.

 - 
Arabic
 - 
ar
Bengali
 - 
bn
German
 - 
de
English
 - 
en
French
 - 
fr
Hindi
 - 
hi
Indonesian
 - 
id
Portuguese
 - 
pt
Russian
 - 
ru
Spanish
 - 
es