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Suramerica

Los rostros de la decadencia de Maduro y Diosdado

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Artículo de opinión del escritor y periodista de Venezuela Edward Rodríguez donde plantea la situacion del Maduro y Cabello en ese país.

04/02/2025. En un país donde el eco de las promesas se ahoga en la bruma de la desilusión, el régimen de Maduro y Diosdado ha trazado una hoja de ruta hacia la perpetuación del poder, un plan perverso que tiene como objetivo aniquilar el voto en Venezuela. La agenda electoral del 2025 se presenta como un último intento por arrasar con lo poco que queda de democracia, y así, el pasado lunes 31 de marzo, se desveló después de numerosas trompadas internas la lista de candidatos del PSUV, un desfile de rostros que oscilan entre lo desconocido y lo reciclado, todos con hojas de vida que susurran secretos turbios.

No se engañen: esta no fue una elección de bases ni un ejercicio de representación popular de cinco millones de militantes como dijo Maduro (ya no habla de diez millones). Eso se desvaneció hace tiempo, ahogado en el consenso entre Cabello y Nicolás. El abanderado en el Zulia, la entidad con mayor número de votantes del país, llegó a ser el perdedor en las internas, con un equipo tan débil que haría sonrojar a cualquier aspirante. Pero eso no importó; la cúpula decidió que Luis Caldera era el ideal para gobernar un estado que ha hecho del disenso su bandera.

Y si del Zulia nos trasladamos al Táchira, encontramos a Freddy Bernal, quien regresa como candidato. Su nombre resuena en la memoria colectiva como un eco ominoso, una sombra que se cierne sobre las organizaciones civiles que él mismo infiltró durante su primer mandato. Este hombre no sólo vestía un uniforme; llevaba consigo el peso de decisiones que marcarían un antes y un después en la historia de un país desgarrado. Fue él quien, en medio del caos y la desesperación, impulsó la huelga de la Policía, un acto que, aunque revestido de justificación, allanó el camino para los saqueos del Caracazo aquel fatídico 28 de febrero de 1989.

En Lara, el candidato es Luis Reyes Reyes, recordado por haber surcado los cielos de Caracas en un Mirage, ametrallando la base aérea de La Carlota durante un golpe de Estado el 28 de noviembre de 1992. Su hazaña es un acto de guerra que rompió la barrera del sonido y sembró el pánico en una ciudad acostumbrada al abismo. Ese es su único mérito: el rastro de destrucción que dejó a su paso.

Y si nos dirigimos a Barinas, la cuna de Chávez, encontramos al profesor Adán Chávez, quien tras haber sido militante del PRV se convierte en un puente entre los Comacates y los guerrilleros del PRV-Ruptura bajo la dirección de Douglas Bravo. Un hombre que ha navegado por las aguas turbias de la política y la insurgencia, siempre buscando una causa que justifique su andar errante.

Estos tres nombres son quizás los únicos vestigios históricos del chavismo; el resto son oportunistas, recién llegados al fenómeno chavista que han encontrado en él una plataforma para lanzar sus ambiciones.

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Así es la historia: un relato en constante construcción donde cada personaje busca su lugar en el escenario del poder. En este teatro de sombras y luces tenues, Maduro y Diosdado han tejido una trama donde los rostros de la decadencia se convierten en protagonistas de una obra que parece no tener fin.

En Bolívar, una de las entidades más estratégicas del país, la nominada es Yurisbeth García alcaldesa del municipio Piar. Su postulación, como tantas otras en este laberinto de intereses, fue negociada entre el dúo en el poder, Maduro y Diosdado. García, a pesar de su falta de gestión pública, es considerada «potable» para los militares, sobre todo para Marcos Torres, actual presidente de la Corporación Minera de Venezuela, esa caja chica de Miraflores que maneja los hilos del oro y los diamantes en un país donde cada grano de mineral se convierte en un billete en la mesa del poder.

Y mientras tanto, en Aragua, Joana Sánchez, actual alcaldesa del municipio Santiago Mariño, juega su papel en esta tragicomedia. Ficha de Maduro, no ha tenido una gestión brillante, pero su asistente y mano derecha, Beatriz Adriana Gabriela Alfaro, alias «La Kuki», ha sido un personaje recurrente en el oscuro entramado del “Tren de Aragua”. La Kuki fue encarcelada y enjuiciada por esos vínculos el 14 de junio de 2023, un recordatorio de que en este juego no hay lealtades eternas, sólo conveniencias.

La disputa entre Maduro y Diosdado se ha vuelto feroz en todos los estados, obligando a un consenso que a menudo resulta en la elección de desconocidos. En Miranda, el teniente de El Furrial intentó imponer a la Almiranta, alcaldesa de Libertador, pero Maduro le salió al paso con el nombre de “Nicolasito”, su hijo. La solución fue el consenso con Serrano, un perfecto desconocido que se convirtió en el nuevo peón en esta partida de ajedrez político.

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En el Zulia, la situación no fue diferente. Diosdado levantó la mano en apoyo al general Néstor Reverol, mientras Maduro apostaba por el comandante Arias Cárdenas. La solución fue un alcalde de quinta categoría, un mero títere que no alteraría el equilibrio de poder. En Carabobo, Diosdado luchó por imponer al mayor Ameliach, pero Maduro logró mantener a “Drácula” (Lacava), una figura que parece haber salido de una novela gótica.

La Guaira también fue escenario de este teatro del absurdo: Maduro pudo mantener a Terán, amigo de Nicolasito y detestado por Diosdado, que ha robado (no bebido) más que Carneiro. Y el coronel Suárez, abanderado de Diosdado, se quedó con la alcaldía, un recordatorio de que en este juego no hay lugar para los débiles.

Así es como se presenta esta lista de los 24 elegidos por Maduro y Diosdado para tomar el control absoluto de las regiones. Un partido en decadencia que alguna vez trató de venderse como revolucionario ha terminado siendo un pranato de intereses. En esta vorágine de ambiciones y traiciones, ellos tampoco están a salvo; saben que su utilidad es temporal y que en cualquier momento podrían ser desechados como piezas de un tablero que ya no sirve. Pero por ahora son útiles y serviles, actores en una obra trágica donde el destino es incierto y la corrupción reina suprema.

Y así continúa la historia de un país donde los rostros cambian pero las sombras permanecen; donde cada elección es una farsa y cada candidato es sólo un reflejo distorsionado del vacío que deja la esperanza. En este escenario desolador, la lucha por el poder se convierte en una danza macabra donde todos son cómplices y nadie es inocente son los rostros de la decadencia.

Redacción del periodista Edward Rodríguez.

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