El presidente de Argentina, Javier Milei, sacudió los cimientos del Foro Económico Mundial al declarar el fin de la política tradicional y el renacimiento de las ideas de la libertad.

01/21/2026.
El fin del utilitarismo: «Maquiavelo ha muerto»
Milei inició su intervención con una sentencia tajante: «Maquiavelo ha muerto». Con esta premisa, el mandatario argentino denunció que durante años se ha deformado el pensamiento occidental mediante un falso dilema que obligaba a elegir entre la eficiencia política y los valores morales. Apoyándose en las teorías del profesor Jesús Huerta de Soto y Murray Rothbard, Milei sostuvo que la justicia y la eficiencia son dos caras de la misma moneda, y que cualquier política pública que sacrifique la justicia en el «altar de la eficiencia» está condenada al colapso.
Occidente en peligro: El socialismo «arropado de elegancia»
El presidente advirtió que Occidente está en peligro debido a la adopción de agendas socialistas disfrazadas de buenas intenciones que solo conducen a resultados catastróficos. Como ejemplo máximo de este deterioro, señaló la situación de Venezuela, describiéndola como una «narcodictadura sangrienta» que ha sufrido una caída del 80% de su PIB y cuyos tentáculos terroristas se expanden por el continente. Milei insistió en que el capitalismo de libre empresa no solo es superior en lo productivo, sino que es el único sistema moralmente justo.
Derecho natural vs. derecho positivo: Los pilares de la libertad
Uno de los puntos más técnicos de su discurso fue la distinción entre el derecho natural (intrínseco a la esencia humana e inmutable) y el derecho positivo (redactado por hombres por conveniencia). Milei afirmó que la justicia solo existe cuando la ley positiva está en consonancia con la ley natural, reconociendo tres derechos fundamentales: la vida, la libertad y la propiedad privada. En este marco, definió el liberalismo como el «respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo basado en el principio de no agresión».
El ataque a la intervención estatal y los «fallos de mercado»
Milei lanzó una dura crítica a la economía neoclásica y a la idea de regular los mercados para corregir supuestos fallos. Para el mandatario, los fallos de mercado no existen y cualquier intervención estatal es, por definición, una redistribución violenta de los títulos de propiedad que castiga la producción y reduce el estándar de vida. Según el presidente, regular las estructuras concentradas de mercado es «matar los rendimientos crecientes» y, por ende, anular el crecimiento económico.
Innovación y tecnología: La IA como la nueva «fábrica de alfileres»
Al abordar el futuro, Milei comparó la Inteligencia Artificial con la fábrica de alfileres de Adam Smith, calificándola como un potenciador de rendimientos crecientes para el siglo XXI. Su mensaje para los líderes mundiales fue directo: «Los políticos deben dejar de fastidiar a quienes están haciendo un mundo mejor». Aseguró que los temores sobre escenarios distópicos causados por la tecnología son una «tontería», ya que el mercado y las dotaciones de recursos pondrán sus propios límites naturales.
El modelo argentino: De la crisis al «ministerio de los rendimientos crecientes»
El presidente utilizó los logros de su gestión para respaldar sus teorías, destacando la eliminación de un déficit fiscal de 15 puntos del PIB, la baja de la inflación y la reducción de la pobreza del 57% al 27%. Hizo especial mención al Ministerio de Desregulación, al que denomina internamente el «Ministerio de los Rendimientos Crecientes», encargado de llevar adelante 13,500 reformas estructurales para que Argentina vuelva a crecer bajo el lema «Make Argentina Great Again».
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Un cierre profético: América como el faro de luz
Cerrando con una analogía bíblica sobre la Parashá Bo, Milei comparó la opresión del Estado con el Faraón de Egipto y advirtió sobre las «plagas» que caen sobre las sociedades que niegan la libertad: hambruna, oscuridad y muerte. Sin embargo, terminó con un mensaje de esperanza, afirmando que el mundo ha comenzado a despertar y que «América será el faro de luz que vuelva a encender a todo Occidente» al retomar sus raíces judeocristianas y liberales. Su discurso concluyó con su emblemático grito: «¡Viva la libertad carajo!».
Redacción equipo DHH.
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