Panamá: presidente Mulino arranca el 2026 con un discurso desafiante y una promesa de “orden sin concesiones”

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El presidente José Raúl Mulino abrió el nuevo período legislativo con un mensaje que dejó claro el tono de su administración: confrontativo, directo y decidido a marcar distancia con el pasado. “No venimos a administrar el desorden”, lanzó desde el pleno de la Asamblea Nacional, en un discurso que combinó advertencias, cifras, golpes políticos y una defensa férrea de su gestión.

01/02/2026. Mulino estructuró su informe alrededor de cuatro ejes que, según él, han definido su primer tramo de gobierno. El primero: la migración irregular por la selva del Darién, a la que calificó como “el campo de concentración del siglo XXI”. Aseguró que el fenómeno está “superado” y que el flujo migratorio se redujo en más de 98%, un logro que presentó como un punto de inflexión para el país.

El mandatario también celebró la salida de Panamá de las listas internacionales vinculadas al blanqueo de capitales, destacando la recuperación de la reputación financiera del país. En política exterior, defendió la participación panameña en el proceso electoral venezolano de 2024, calificándola como “crucial” para la defensa de la democracia.

Uno de los momentos más simbólicos llegó al hablar del Canal de Panamá. Mulino afirmó que las tensiones diplomáticas con Estados Unidos quedaron atrás y remató con una frase que buscó cerrar cualquier debate: “El Canal siguió, y seguirá siendo panameño”.

El presidente dedicó un segmento especial a responder críticas sobre sus viajes oficiales. Con un tono personal, casi desafiante, aseguró que no necesita “ser presidente para viajar” y que cada misión internacional generará beneficios tangibles para el país. Se describió a sí mismo como “madera chiricana”, resistente tanto para recibir golpes como para devolverlos.

En materia económica, presentó un diagnóstico duro del gobierno anterior, señalando un aumento de la deuda pública del 73% entre 2019 y 2024 y obras inconclusas que calificó como “vergüenza nacional”. Prometió disciplina fiscal, reducción del déficit y un presupuesto 2026 con superávit primario “por primera vez en más de una década”.

El tono se endureció aún más al abordar la seguridad. Mulino acusó al Órgano Judicial de liberar narcotraficantes y sicarios bajo una “flexibilidad disfrazada de garantismo”. Exigió explicaciones públicas de los jueces y afirmó que “la sociedad demanda certeza de castigo”.

El informe avanzó por salud, educación, transporte e infraestructura, con énfasis en obras heredadas que su administración asegura haber destrabado. Prometió avances en el Metro, el Teleférico de San Miguelito y el Cuarto Puente, y defendió la exportación de material rocoso de la mina de Donoso como una medida técnica, no una reapertura.

En educación, fue tajante: la ley vigente de 1946 está “parchada y desactualizada”. Anunció una nueva legislación, pero advirtió que el debate no se dará “en tranques ni huelgas improductivas”.

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El cierre fue político y frontal. Mulino pidió una nueva Constitución mediante un proceso constituyente originario y lanzó una advertencia: “Si este Estado no se reforma, fracasaremos”. También arremetió contra quienes —según él— conspiran desde el discurso moralista: “Los valores se ejercen, no se declaman”.

Con ese tono, el presidente dejó claro que su segundo año de gobierno no buscará consensos tibios, sino confrontar lo que considera los vicios estructurales del Estado panameño.

Redacción DHH sobre discurso de José Mulino.

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