Washington ha puesto en marcha una nueva «caja fuerte» estratégica, pero esta vez no se trata de lingotes de oro ni de barriles de crudo. Bajo el nombre de Proyecto Bóveda (Project Vault), el gobierno de Estados Unidos ha lanzado una ofensiva de 12.000 millones de dólares para crear una reserva masiva de minerales críticos, situando a América Latina en el epicentro de una nueva disputa geopolítica.

03/17/2026. Esta estrategia busca replicar el modelo de la reserva petrolera de los años 70, pero adaptada a las necesidades del siglo XXI: litio, cobalto, cobre y tierras raras. Estos materiales son el corazón de industrias vitales como la inteligencia artificial, los vehículos eléctricos y la defensa avanzada; por ejemplo, un solo avión de combate F-35 requiere más de 400 kilos de tierras raras para su fabricación.
El motor de este movimiento es la urgente necesidad de reducir la dependencia de China, país que actualmente controla cerca del 90% del procesamiento global de estos insumos. Tras las restricciones de exportación impuestas por Pekín en 2025, la Casa Blanca ha decidido acelerar la búsqueda de proveedores más cercanos y confiables.
En este escenario, América Latina ha emergido como el «campo de batalla» principal. Estados Unidos ya ha intensificado su presencia en la región mediante la firma de acuerdos de colaboración con Argentina, Perú, Ecuador y Paraguay, además de establecer planes de acción específicos con México y consultas bilaterales con Chile.

Qué rol juega América Latina
El hambre estadounidense por estos minerales no es algo nuevo, pero el reciente interés de la Casa Blanca en Latinoamérica -tanto por razones geopolíticas como económicas- ha puesto en la mira del gobierno de Trump los minerales críticos que tiene la región.
América Latina cuenta con una vasta riqueza que incluye minerales más convencionales como el cobre, hasta el litio y las tierras raras. Esa variedad le da a la región un atractivo especial para los inversores, pero también para los gobiernos.
Con la llegada a la Casa Blanca de Donald Trump, EE.UU. ha dado un giro más amplio hacia la región, dice Henry Ziemer, investigador asociado del Programa Américas del estadounidense Center for Strategic and International Studies (CSIS).
En ese contexto, el gobierno estadounidese le está prestando mucha más atención a la riqueza mineral del hemisferio occidental y de Latinoamérica, afirma.
América Latina, precisa, «se ha convertido cada vez más en un campo de batalla entre China y Estados Unidos en materia de minerales».
Esta batalla se ha estado librando en varios países y China, que hace décadas ha ganado contratos mineros en la región, lleva una ventaja indiscutible, especialmente en el Cono Sur.

«Estados Unidos está llegando tarde», señala Tilsa Oré Mónago, investigadora del Centro de Estudios Energéticos del Instituto Baker para Políticas Públicas y docente de Economía en la Universidad Rice en Houston.
Sin embargo, el desafío para Washington no termina en la extracción. El verdadero «cuello de botella» reside en el procesamiento industrial, un eslabón de la cadena que China aún domina con puño de hierro. Para que el Proyecto Bóveda sea exitoso, Estados Unidos deberá no solo extraer minerales en el sur, sino construir un puente logístico y tecnológico que permita transformarlos en productos finales sin que tengan que pasar por las fundiciones asiáticas.
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La gran incógnita que queda en el aire es si esta renovada atención hacia el hemisferio occidental representará una oportunidad histórica de desarrollo industrial para Latinoamérica o simplemente una nueva forma de dependencia de materias primas con un protagonista diferente.
Redacción Albitrio Fabrepe para DHH con ayuda de IA.
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