El gobierno de Donald Trump ha manifestado su intención de asumir el control del país sudamericano, mientras sopesa un papel significativamente más influyente para el asesor de seguridad nacional y jefe adjunto de gabinete de la Casa Blanca, Stephen Miller.

01/05/2026. Fuentes citadas por The Washington Post indicaron que la Casa Blanca está «sopesando» otorgarle a Miller «un rol más elevado en la supervisión de las operaciones post-Maduro en Venezuela». Miller, conocido por ser el arquitecto de la política antiinmigratoria y fronteriza de la administración, desempeñó un papel central en el esfuerzo para lograr la remoción de Maduro.
El anuncio presidencial, hecho el sábado por Donald Trump, fue categórico: Estados Unidos «dirigiría el país» ahora que Maduro está bajo custodia. Flanqueando al presidente durante la declaración se encontraban figuras clave de su círculo íntimo y de seguridad nacional, incluyendo a Miller, al Secretario de Estado Marco Rubio, al Secretario de Defensa Pete Hegseth, y al General Dan Caine, Presidente del Estado Mayor Conjunto.
Sin embargo, las ambiciosas declaraciones de la Casa Blanca ya enfrentan una doble resistencia: interna y externa.
Rechazo y escepticismo
Tras la ausencia del dictador, la vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez, ha asumido el poder. Poco después de la captura de Maduro, Rodríguez arremetió contra Trump, asegurando que Venezuela «no será una colonia ‘de ningún imperio'». No obstante, el presidente Trump sugirió en declaraciones a The New York Post que si la vicepresidenta «hace lo que queremos», Estados Unidos podría evitar el despliegue de tropas en el terreno («boots on the ground»).
A pesar de la confianza expresada por el presidente, el concepto de que Washington asuma la gobernanza directa de la nación bolivariana ha generado profundo escepticismo entre los diplomáticos experimentados. Elliott Abrams, ex enviado especial de Trump para Venezuela, sugirió el domingo que las declaraciones del presidente sobre gobernar Venezuela se hicieron «improvisadamente» (off-the-cuff).
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Abrams fue enfático al describir la inviabilidad del plan de control estadounidense: «Es un país muy grande. Tiene el doble del tamaño de California, aproximadamente 25 millones de personas. Es demasiado complejo para que lo dirijamos». Continuó explicando que la noción de que EE. UU. pueda «dirigirlo desde Washington» es «implausible, y simplemente no va a funcionar».
La posible elevación de Stephen Miller, cuya trayectoria se ha centrado en políticas domésticas, a un rol de supervisión internacional tan delicado, subraya la intención de la Casa Blanca de aplicar una línea dura y controlada sobre el futuro político de Venezuela. Este movimiento, no obstante, pone a prueba los límites de la intervención estadounidense frente a la realidad de una nación de gran complejidad demográfica y territorial.
Redacción Albitrio Fabrepe para DHH sobre lectura de Washington Post.
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