La historia política nos enseña que el fin de una dictadura, ya sea por muerte natural, ejecución o golpe de Estado, rara vez implica una ruptura total e inmediata con el pasado. Las transiciones más exitosas, y a menudo las más complejas, suelen ser gestionadas por figuras que formaron parte de la estructura de poder que se busca desmantelar. Venezuela transita ese camino.

01/10/2026. Este fenómeno, donde los «hombres del régimen» actúan como puentes hacia la democracia, es una constante que permite entender la estabilidad —o la inestabilidad— de los nuevos sistemas.
República Dominicana: El «heredero espiritual» que sobrevivió a la tiranía 20 años
Tras la ejecución de Rafael Leónidas Trujillo el 30 de mayo de 1961, el país entró en un torbellino de incertidumbre. En la República Dominicana, la transición inmediata tras la ejecución de Rafael Leónidas Trujillo el 30 de mayo de 1961 duró aproximadamente un año y medio, hasta las elecciones de diciembre de 1962. Sin embargo, la sombra del régimen persistió por décadas a través de sus herederos políticos.
Lo notable de este proceso fue la permanencia de Joaquín Balaguer, quien ocupaba la presidencia de manera nominal desde 1960. A pesar de ser un estrecho colaborador del dictador, Balaguer leyó el panegírico en el funeral de Trujillo, jurando ante su féretro impedir que se extinguiera la «llama» del régimen.
Durante los meses siguientes, Balaguer compartió el poder con Ramfis Trujillo, el hijo del dictador, quien regresó de París para dirigir la represión contra los conspiradores. Bajo una intensa presión internacional de la OEA y constantes protestas populares, Balaguer maniobró para aparecer como un líder interesado en la democratización, permitiendo el regreso de exiliados y la formación de partidos como el PRD y la UCN. Su capacidad para mantenerse en el poder, incluso después de que la familia Trujillo abandonara el país en noviembre de 1961, demostró cómo un funcionario del riñón del dictador puede reciclarse y gobernar la nación por más de veinte años en etapas posteriores.
España: siete años de reformas con un franquista gobernando
El caso español es el modelo por excelencia de una transición «desde adentro». A la muerte de Francisco Franco en 1975, el Rey Juan Carlos I asumió la jefatura del Estado. Aunque inicialmente mantuvo a Arias Navarro, un continuista del régimen, el monarca buscó una vía de cambio controlado que garantizara la aceptación de los militares y funcionarios franquistas.
La pieza clave fue Adolfo Suárez, un joven político procedente del Movimiento Nacional (el único partido legal bajo Franco). El nombramiento de Suárez fue recibido con decepción por la oposición, que lo veía como un hombre del régimen. Sin embargo, Suárez diseñó la Ley para la Reforma Política, que permitió desmantelar el franquismo utilizando sus propias leyes. Su éxito radicó en legalizar partidos prohibidos, incluido el Partido Comunista, y conducir al país hacia las primeras elecciones democráticas en 1977, las cuales ganó liderando la Unión de Centro Democrático (UCD), una coalición formada en gran medida por «aperturistas» del antiguo sistema.
Paraguay: la tutela del Partido Colorado que tardó 5 años en llegar a las votaciones
En Paraguay, la transición comenzó con una traición interna dentro del círculo más íntimo del poder. En febrero de 1989, el general Andrés Rodríguez, consuegro de Alfredo Stroessner y una de las figuras más poderosas de su dictadura de 34 años, lideró un golpe de Estado. El motor del levantamiento fue el deterioro económico y la necesidad de liberar un mercado asfixiado por el estatismo y el contrabando.
La transición paraguaya se extendió por cuatro años, desde el derrocamiento de Alfredo Stroessner hasta la asunción del primer presidente civil en agosto de 1993. Este proceso no fue producto de una revolución popular, sino de una fractura interna en la élite militar y política.
Rodríguez, a pesar de su pasado, prometió democracia y convocó a elecciones en mayo de 1989, presentándose como candidato por el mismo Partido Colorado que había sostenido a Stroessner. Aunque su legitimidad fue cuestionada por la oposición, Rodríguez cumplió su promesa de no buscar la reelección, permitiendo que en 1993 Juan Carlos Wasmosy se convirtiera en el primer civil elegido por voto popular en la historia del país. No obstante, el aparato del Partido Colorado y la influencia militar permanecieron como actores dominantes durante todo el proceso, evidenciando que el cambio no fue una ruptura, sino una evolución controlada por la antigua élite.
Venezuela: Las grietas del chavismo y el escenario de transición
Los ejemplos anteriores ofrecen lecciones cruciales para analizar una posible transición en Venezuela. En este contexto, la caída de una figura central como Nicolás Maduro podría no significar el fin del sistema, sino su reconfiguración. El control de la transición esta influenciado por actores externos como Estados Unidos, y pudiera agravarse también por fracturas internas dentro del régimen.
Informes recientes mencionan posibles «traiciones» o negociaciones de figuras clave como Delcy Rodríguez, quien habría mostrado disposición a colaborar con interlocutores estadounidenses ante el aislamiento creciente del país.
La pregunta fundamental que surge de los modelos de España, Dominicana y Paraguay es hasta qué punto las facciones internas —como el estamento militar o figuras políticas de peso— podrían «soltar la mano» al líder principal para preservar sus propios intereses en un nuevo orden. Una transición en Venezuela, requeriría no solo un cambio de liderazgo, sino la reconstrucción total de un Estado donde el poder ha estado profundamente entrelazado con estructuras militares y económicas complejas.
Redacción equipo DHH con ayuda de IA.
Más historias
Trump declara «Emergencia Nacional» los activos venezolanos en EE.UU.; nadie los toca ni los negocia
Bolivia: máxima central obrera acelera protestas y bloqueos luego de ruptura con el gobierno
Trump: la reunión saldrá «fenomenal»; Petro: “Voy a llevarle algo”