La guerra desatada en Irán no solo está reconfigurando el tablero geopolítico del Golfo Pérsico: amenaza con activar una reacción en cadena capaz de reavivar la inflación global justo cuando Occidente comenzaba a respirar tras años de sobresaltos económicos. El conflicto ha puesto en jaque el comercio marítimo que atraviesa el estrecho de Ormuz, un punto crítico por el que circula una quinta parte del petróleo y gas mundial y una parte esencial de las materias primas que alimentan la industria de fertilizantes.

03/02/2026. Aunque los bancos centrales daban por controlado el capítulo de los precios —con la inflación estabilizada en torno al 2% en Europa y Estados Unidos—, la tensión en la región vuelve a colocar sobre la mesa la posibilidad de nuevas subidas de tipos. El deterioro del poder adquisitivo sigue siendo una amenaza latente, y los mercados ya envían señales de alarma: el oro supera los 5.400 dólares por onza, reflejo de la creciente desconfianza en las grandes divisas.
El consultor marítimo y profesor de shipping Joel Grau explica que, aunque el estrecho de Ormuz no está oficialmente cerrado, el tráfico se ha paralizado de facto. Las aseguradoras han puesto en “stand by” las pólizas de los buques, obligando a los armadores a detener operaciones hasta que se redefinan las coberturas. En un escenario bélico, los sobrecostes pueden superar el 50%, un riesgo inasumible para los fletadores.
La interrupción del flujo marítimo no solo encarece el petróleo y el gas: también compromete el suministro global de amonios y ureas, esenciales para la producción agrícola. Una caída en la disponibilidad de fertilizantes podría traducirse en cosechas menos rentables y, en consecuencia, en un aumento abrupto de los precios de los alimentos. Sería el cóctel perfecto para una nueva espiral inflacionaria.

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La magnitud del impacto dependerá de la duración del conflicto. Si la escalada se prolonga, no se descartan subidas del gas de hasta el 100% y un repunte generalizado de las commodities. Arabia Saudí y Emiratos Árabes cuentan con tuberías hacia el mar Rojo capaces de absorber parte del flujo, pero esta alternativa también enfrenta riesgos: los ataques de los piratas hutíes, alineados con Teherán, podrían convertir esa ruta en otro punto caliente.
Europa, especialmente vulnerable a los vaivenes energéticos, podría convertirse en el primer gran damnificado de esta tormenta perfecta. La guerra en Irán no solo se libra en el terreno militar: también amenaza con golpear los bolsillos de millones de ciudadanos a través de los precios.
Redacción Albitrio Fabrepe para DHH.
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