Marco Rubio sentencia a Cuba por «exportar terror» y servir de antena para China y Rusia

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En una comparecencia ante el Senado, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, ha lanzado una ofensiva verbal sin precedentes contra el Gobierno de Cuba. Rubio no solo reafirmó la permanencia de la isla en la lista de estados patrocinadores del terrorismo, sino que la calificó como una amenaza directa a la seguridad nacional estadounidense al actuar como un centro de operaciones para potencias extranjeras.

06/02/2026. La acusación central de Rubio sostiene que Cuba ha sido, históricamente, el pilar de apoyo para casi todos los movimientos insurgentes de extrema izquierda en el hemisferio occidental. El jefe de la diplomacia estadounidense fue enfático al señalar que grupos como el Ejército de Liberación Nacional (ELN), las FARC y sus facciones disidentes han dependido del respaldo cubano en diversos momentos de su trayectoria operativa. Según Rubio, el patrocinio del terrorismo por parte de la isla no es un vestigio del pasado, sino una realidad que justifica la decisión de la administración Trump de revertir la exclusión de la lista de sanciones que Joe Biden había ordenado en sus últimos días de mandato.

Más allá del apoyo a guerrillas, Rubio denunció que Cuba se ha transformado en una plataforma estratégica de vigilancia para los principales adversarios de Washington. El secretario de Estado afirmó que la isla alberga una «cantidad considerable» de instalaciones de inteligencia dedicadas a la recolección de información sensible en beneficio de China y Rusia. Esta infraestructura de espionaje, operando a pocos kilómetros de las costas estadounidenses, representa uno de los puntos de mayor fricción en la actual política exterior de la Casa Blanca.

GAESA y el estrangulamiento económico

Rubio también desvió el foco hacia la estructura interna del poder en Cuba, asegurando que el país no está gobernado por una administración civil tradicional, sino por GAESA, un holding empresarial controlado por los militares que maneja cerca del 70% del PIB cubano. Bajo esta premisa, Washington justifica su férreo bloqueo petrolero, argumentando que las ganancias de sectores como el turismo y la minería no llegan al pueblo, sino que se quedan en manos de la cúpula militar mientras la red eléctrica colapsa y la población sufre carencias extremas.

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La respuesta de La Habana: soberanía o agresión

Por su parte, el Gobierno de Cuba ha rechazado categóricamente estas afirmaciones, denunciando que las acusaciones de terrorismo y espionaje carecen de fundamento y son un pretexto para una posible agresión militar por parte de Estados Unidos. Mientras Rubio insiste en que Cuba necesita una «reforma sistémica y seria» para dejar de ser un estado fallido, La Habana sostiene que cualquier cambio político es competencia exclusiva del pueblo cubano.

Este nuevo capítulo de confrontación ocurre en un contexto de máxima presión, donde la administración de Donald Trump ha intensificado las sanciones tras la captura de Nicolás Maduro en enero, buscando forzar un cambio de régimen en la isla mediante el aislamiento diplomático y económico.

Redacción equipo DHH sobre lectura de medios.

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