Venezuela: Un mes del terremoto que rompió la tierra y fracturó el alma

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A exactamente 30 días de que un doble terremoto de magnitudes 7,2 y 7,5 sacudiera los cimientos de Venezuela, el polvo de los escombros finalmente ha comenzado a asentarse, pero solo para revelar una herida mucho más profunda y difícil de sanar: la de la mente. Mientras el país contabiliza una cifra oficial de casi 5.400 fallecidos, la tragedia entra en una nueva y crítica fase donde el trauma psicológico se vuelve tan peligroso como las réplicas.

07/24/2026.

El panorama en epicentros como La Guaira, a solo 40 kilómetros de Caracas, sigue siendo desolador. Aunque ha pasado un mes, la angustia no cesa para los familiares de los desaparecidos. Mientras las autoridades mantienen un hermetismo sobre la cifra total de personas sin paradero, iniciativas ciudadanas estiman que cerca de 29.500 personas siguen sin ser localizadas.

La búsqueda de sobrevivientes o restos se ha convertido en una labor titánica y desigual. En sectores como Residencias Caribe, los familiares denuncian un olvido oficial, enfrentándose a bloques de concreto sin la maquinaria pesada ni los equipos especializados necesarios. «Sabemos que están trabajando muy bien en las que fabricó el gobierno, pero Residencias Caribe está muy abandonado», relata Francis Riascos, quien busca a su hermano entre la desidia y la falta de protocolos oficiales.

La urgencia de un «ejército de psicólogos»

Expertos advierten que este 24 de julio marca un punto de inflexión. Según la psicología de catástrofes, es al cumplirse el primer mes cuando el estado de shock inicial desaparece y la población comienza a procesar realmente la magnitud de la pérdida. Es en este momento donde aparece la desesperación, el cansancio extremo y el riesgo de suicidios, un fenómeno que ya ha generado alertas en las zonas más golpeadas.

El sistema de salud mental de Venezuela, ya debilitado por años de crisis y fuga de profesionales, se enfrenta hoy a su prueba más dura. Se estima que unos 680.000 niños requieren asistencia urgente, presentando cuadros de aislamiento, regresiones y pánico a regresar a sus hogares.

Un tejido de solidaridad ante la ausencia estatal

Ante la falta de una arquitectura institucional coordinada, la respuesta ha nacido de la propia ciudadanía y organizaciones no gubernamentales. Plataformas como «Estamos Contigo Venezuela» y el «Proyecto Gregory» están intentando reclutar de manera masiva a psicólogos y psiquiatras voluntarios para atender una demanda que desborda cualquier previsión.

Sin embargo, el desafío es la sostenibilidad. La historia de desastres previos en otros países, como China o Turquía, enseña que la buena voluntad no basta si no hay un respaldo institucional que evite que el trauma de la población —y de los propios rescatistas— se vuelva crónico.

Hoy, Venezuela no solo lucha por reconstruir los más de 200 edificios destruidos; lucha por evitar que una generación entera quede sepultada bajo el peso emocional de aquel fatídico 24 de junio.

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