La política exterior del chavismo siempre se ha jactado de su pureza ideológica y de un ferviente discurso antiimperialista y antisionista. Sin embargo, los recientes acontecimientos en Venezuela demuestran que, cuando la permanencia en el poder se ve amenazada, los principios revolucionarios más arraigados se convierten en mercancía de cambio. Delcy Rodríguez es un ejemplo de esto.

08/11/2026. El asombroso viraje de Delcy Rodríguez, quien ha pasado de calificar al sionismo como un movimiento fascista a abrirle las puertas al Estado de Israel, es un caso de estudio sobre cómo la retórica dogmática sucumbe ante la cruda realidad del pragmatismo político.
El Ruido de la retórica: El Sionismo como el «Enemigo Absoluto»
Para comprender la magnitud de esta capitulación ideológica, es necesario recordar la virulencia con la que Delcy Rodríguez y su equipo atacaban a Israel. En mayo de 2024, durante un acto por el «Día de la Lucha Palestina» en Caracas, Rodríguez afirmaba categóricamente que «el sionismo se ha apoderado de los principales centros de poder para imponerse sobre la voluntad del mundo entero». En esa misma oportunidad, celebró con orgullo la histórica decisión de Hugo Chávez de romper relaciones con Tel Aviv en 2009.
La agresividad verbal no se moderó con el tiempo. En julio de 2025, en el marco de la Conferencia Ministerial de Emergencia sobre Palestina en Bogotá, la funcionaria denunció un «genocidio bárbaro, que no tiene límites en sus formas despiadadas y desalmadas» cometido por el régimen israelí contra el pueblo palestino. En sus canales de difusión y declaraciones públicas, catalogaba al sionismo como un «movimiento fascista que niega la vida» y un sistema de «apartheid sionista». Esta retórica no era meramente accesoria; constituía un pilar fundamental de la identidad revolucionaria de su gobierno, una credencial de izquierda que pretendía justificar moralmente su proyecto ante el mundo.
El detonante de la Realpolitik: La caída de Maduro y la amenaza al poder
¿Qué ocurrió para que una de las voces más radicales del hemisferio contra el Estado hebreo cambiara de postura en agosto de 2026? La respuesta no se encuentra en una repentina iluminación diplomática, sino en un brutal cambio de circunstancias internas y externas que amenazaron directamente la supervivencia de la cúpula gobernante.
El factor verdaderamente desestabilizador fue la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses. Este suceso descabezó al régimen y obligó a Delcy Rodríguez a asumir el mando como «presidenta encargada» de la nación. Enfrentando un vacío de poder sin precedentes, un aislamiento internacional asfixiante y bajo una «nueva realidad impuesta por Washington», el equipo de Rodríguez se vio obligado a deponer las armas ideológicas.
Lejos de la inflexible resistencia bolivariana de los discursos oficiales, la realidad tras bambalinas reveló una desesperada búsqueda de legitimación y estabilidad económica. Rodríguez no tardó en sentarse directamente con el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos para discutir el futuro financiero de Venezuela. En este escenario de extrema vulnerabilidad, el «antiimperialismo» se archivó temporalmente para dar paso a la negociación directa con el poder norteamericano.
El terremoto y la comunidad judía: Las excusas perfectas
El pragmatismo político siempre busca un ropaje aceptable para justificar sus contradicciones ante la opinión pública. La oportunidad perfecta para vestir este giro radical se presentó de manera trágica el 24 de junio de 2026, cuando un doble sismo devastador azotó a Venezuela, dejando más de 6,300 víctimas fatales y una infraestructura colapsada.
Aprovechando la emergencia humanitaria, la diplomacia israelí y la comunidad judía residente en el país (que sirvió como puente histórico de amistad) se movilizaron. El 9 de junio de 2026, antes incluso del sismo pero ya bajo el peso de la crisis política, el rabino principal de la Asociación Israelita de Venezuela, Isaac Cohen, dirigió una carta a Rodríguez solicitando formalmente considerar el restablecimiento de relaciones.
Tras la tragedia, Israel envió una delegación técnica de auxilio liderada por Elad Edri, un alto oficial de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), especializada en la evaluación de estructuras colapsadas y diagnóstico de vulnerabilidad. Para un régimen acostumbrado a denunciar a las FDI como perpetradoras de «genocidio», recibir asesoría directa de uno de sus altos oficiales representó un contraste irónico y chocante. El 11 de agosto de 2026, finalmente, se anunció formalmente el restablecimiento de los servicios consulares y la continuidad de la cooperación técnica bilateral.
La explicación geopolítica: Hans Morgenthau y la Primacía de la Supervivencia
Este choque frontal entre la retórica bolivariana y la acción práctica es perfectamente explicable desde las teorías clásicas de las Relaciones Internacionales. El célebre politólogo y pensador de la escuela del realismo político, Hans Morgenthau, en su obra cumbre Politics Among Nations (Política entre las Naciones), estableció principios fundamentales que iluminan la conducta del gobierno venezolano en esta coyuntura.
Morgenthau postulaba que el interés de los Estados siempre se define en términos de poder, una categoría objetiva de validez universal que no depende de motivos individuales, preferencias morales o alineamientos ideológicos. Para un régimen acorralado por la captura de su líder y la quiebra del Estado, el «interés nacional» real se reduce a una sola cosa: la supervivencia del grupo en el poder.
Asimismo, en su cuarto principio del realismo político, Morgenthau señalaba la inevitable tensión entre el imperativo moral y los requisitos de una acción política exitosa. Mientras que la moral ideológica le dictaba a Delcy Rodríguez condenar y aislar a Israel, los requisitos prácticos para mantener las riendas de Venezuela (complacer las exigencias de la nueva realidad impuesta por Washington y gestionar una catástrofe interna con ayuda internacional) le exigían pragmatismo. Cuando el destino de una élite política pende de un hilo, la retórica moralista y los ideales revolucionarios son los primeros sacrificados en el altar del realismo político.
El restablecimiento consular entre Caracas y Tel Aviv demuestra que las ideologías, en la práctica del poder absoluto, son meras herramientas de propaganda. La Delcy Rodríguez que condenaba apasionadamente el «apartheid sionista» es la misma que hoy firma convenios con el ejército israelí porque entiende que, para sobrevivir políticamente frente a la presión de Washington y la crisis económica, se debe jugar cualquier carta. La retórica chavista no chocó contra el pragmatismo; simplemente se rindió ante él, confirmando que, para la cúpula venezolana, la revolución termina justo donde comienza la amenaza de perder el poder.
Redacción equipo DHH con ayuda de IA.
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