Venezuela: comenzó la campaña electoral con Rodríguez gobernando como candidata

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Conversando con uno de los periodistas mas conocedores de la política venezolana como lo es Rafael Galicia, nos hizo esta observación: ¿Ustedes no se dieron cuenta que ayer comenzó la campaña presidencial en Venezuela? Y es cierto. El mismo día y casi a la misma hora se dieron dos visiones distintas de como cada bando político ve al país En esta caso haremos un repaso del mensaje dado por la presidenta encargada Delcy Rodriguez. Una alocución con cuatro aumentos salariales, un giro hacia el sector privado y ninguna fecha electoral reabre el debate sobre las aspiraciones presidenciales de la mandataria encargada.

Imagen recreada con IA.

10/30/2026. La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, no ha anunciado candidatura alguna. Sin embargo, su más reciente alocución, transmitida por VTV desde Miraflores el jueves 29 de octubre, tiene para analistas la estructura, el tono y la intención de un mensaje de precampaña. Lo que dijo, lo que calló y cómo lo presentó dibujan el perfil de una dirigente que parece prepararse para las urnas mientras controla el reloj que decidirá cuándo se abrirán. Hay que hacer mención que detrás de todo el aparataje comunicacional esta Miguel Ángel Pérez Pirela. Filósofo, escritor, comunicador y actual ministro del Poder Popular para la Comunicación e Información quien siempre h t4nido un discurso antimperialista, pero la realidad política lo ha obligado a tener una praxis política para mantenerse en el poder.

Lo que se sabe y lo que no

Conviene separar los hechos de las inferencias. El mensaje fue, un balance de gestión en el que Rodríguez prometió cuatro incrementos salariales para 2027 y ordenó valorar activos no esenciales del Estado. No fue el lanzamiento formal de una candidatura, y no existe postulación declarada. En julio, preguntada por una eventual aspiración presidencial, respondió que todavía no lo sabía.

Tampoco puede afirmarse con rigor que el proceso electoral esté «dictado» totalmente por Washington, aunque sin dudas por parte de EE.UU. hay presión y expectativas explícitas. Un alto funcionario estadounidense planteó que, una vez renovados el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y el Consejo Nacional Electoral (CNE), Rodríguez debería declarar la vacante permanente de la presidencia, lo que abriría un plazo de seis meses para convocar elecciones. Es tutela política, no un cronograma decretado.

La anatomía de una precampaña sin nombre

Las campañas modernas se construyen por fases: reconocimiento, rediseño de imagen, un tema ganador y una promesa material. La alocución encaja en varias de ellas.

La palabra «transformación», repetida tanto ante la ONU como en Venezuela, funciona como marca. Ante la Asamblea General, Rodríguez habló de un proceso ordenado, institucional y verificable: tres adjetivos que prometen previsibilidad a un electorado agotado por la incertidumbre. Un análisis de La Patilla publicado en mayo sostenía que ya habría iniciado actividades interpretadas como campaña, bajo el lema «Delcy avanza».

Existe además un cálculo de calendario. El diario ABC señaló que, mientras más tarde convoque elecciones, mejor para sus propósitos, pues gana tiempo y popularidad mientras reacomoda la economía. Consultada por la fecha, ella respondió con una frase de seis palabras: «Yo no fijo fecha». Peroi demas esta decir que quien controla el reloj electoral controla la ventaja competitiva. ASi lo describen Steven Levitsky y Lucan Way en Competitive Authoritarianism (2010): una cancha formalmente abierta, pero inclinada por quien administra el Estado.

La promesa salarial como bandera

Aquí se concentra el núcleo de la tesis demagógica en su alocución ya que los gobiernos tienden a concentrar los beneficios materiales antes de las elecciones. Rudiger Dornbusch y Sebastián Edwards describieron en The Macroeconomics of Populism (1991) que las promesas de ingreso sin respaldo fiscal producen alivio breve y factura posterior. Eso se la esta jugando Delcy ya que nunca dijo como se respalda económicamente esos aumentos.

El contexto potencia el anuncio. El salario mínimo se mantiene desde 2022 en 130 bolívares, apenas centavos de dólar, compensado con un bono de 240 dólares sin incidencia en los beneficios laborales, y los sindicatos protestan cada semana. Prometer tocar ese ingreso es tocar el nervio de la clase media empobrecida y de los sectores populares.

Hay que ser justos. La promesa no fue vacía en la forma: los incrementos no podrán ser inferiores al crecimiento económico de cada trimestre previo y surgirían de una mesa de diálogo entre centrales sindicales, cámaras empresariales y gobierno. Es una regla de indexación. Sin embargo, los ajustes quedan atados al desempeño económico trimestral y no hubo referencia al salario mínimo congelado.

Esa es la objeción de fondo: no hubo montos, ni fechas, ni fuente de financiamiento, ni explicación de qué ocurre si la economía no crece. Un piso ligado al crecimiento puede traducirse, en la práctica, en un aumento de cero si el PIB se estanca. El anuncio condicional genera expectativa de ingreso sin comprometer una cifra.

La propia mandataria advirtió que un anuncio no vale por lo que promete, sino por lo que se cumple. Es la anticipación de la crítica, una técnica clásica de inoculación retórica: nombrar la objeción antes de que otro la formule.

Lo que se dijo y lo que se calló

Murray Edelman sostenía en The Symbolic Uses of Politics (1964) que buena parte del discurso político opera mediante símbolos que tranquilizan más que políticas que transforman. En esta alocución, los silencios pesan tanto como los anuncios.

Rodríguez ordenó valorar activos estatales para ofrecerlos al sector privado o devolverlos a sus antiguos propietarios, una medida contraria a la política de expropiaciones del chavismo. Es un giro doctrinario mayúsculo, presentado en una frase breve y en las antípodas de lo que ha sido su discurso ideológico.

Rodríguez afirma que firmar una reforma, mover una institución y sentar en la misma mesa a quienes durante años no se hablaron solo lo puede hacer quien conoce el Estado a fondo. Enumera su trayectoria (canciller, vicepresidenta ejecutiva y hoy presidenta encargada) y advierte que una transformación de esa magnitud, si no la conduce alguien con experiencia y capacidad real, se queda en un papel, y que Venezuela ya ha tenido demasiados papeles. Concluye que venir del sistema que se transforma es una fortaleza.

No es un balance de gestión: es un argumento de competencia electoral. La alocución no menciona candidatura alguna, pero es el tipo de frase que se escribe pensando en un proceso electroral.

Al abordar el tema electoral, dijo que el horizonte político no se mide con una fecha en el calendario sino con una secuencia de objetivos, y que los comicios serán los que manda la Constitución, organizados por una autoridad electoral renovada y con el mundo como testigo. En septiembre ya había sido igual de elusiva: vinculó la convocatoria a la situación económica y a las sanciones.

Un discurso para cada público

El texto está construido para hablarle por turnos a audiencias distintas. A los trabajadores les dice que tienen derecho a reclamar y que los escucha. A las familias afectadas por el terremoto del 24 de junio les promete mostrar cada mes qué se hizo, dónde y cuándo. A quienes piensan distinto les ofrece una mesa con reglas iguales para todos. A su base le asegura que lo que funciona se protege y que la soberanía no se negocia. A la diáspora le garantiza un retorno voluntario, con respeto y documentos en regla. Cierra con una invocación religiosa.

Ese reparto es la lógica de una campaña: cada segmento recibe su frase. La rendición de cuentas mensual funciona, además, como ritual de campaña permanente, una cita periódica con la ciudadanía.

La puesta en escena: el Estado como decorado

Rodríguez habla de pie, sin atril, mirando a cámara, en un salón de cortinajes crema y dorado, con la bandera nacional a la izquierda y arreglos florales en rojo, rosa y amarillo. En un rincón del cuadro, una intérprete de lengua de señas aporta un aire de comunicación institucional moderna.

La realización alterna planos generales, donde se ve el cuerpo entero y la bandera, con primeros planos frontales. Los amplios dicen «Estado»; los cerrados, «te hablo a ti». Es la gramática de una alocución oficial, pero también la de un spot de posicionamiento.

Viste traje blanco, blusa crema, collar de perlas y gafas de montura oscura. La ausencia de rojo llama la atención en una dirigente cuya identidad política está asociada a ese color. Es una lectura interpretativa, no un dato, pero el blanco comunica paz, sobriedad y neutralidad, los mismos conceptos que el texto repite: «convivencia democrática y paz», «reconciliación». Las perlas suman formalidad y un registro conservador que suaviza la imagen de dirigente dura.

En la solapa lleva un alfiler dorado con la silueta del mapa de Venezuela. El símbolo acompaña la frase «la soberanía no se negocia», pronunciada en el mismo discurso donde se habla de contratos con inversionistas.

Los gestos son contenidos: manos juntas a la altura de la cintura. Es una corporalidad de control, coherente con un mensaje de «orden». Es una imagen gestionada de quien actúa ante varios públicos a la vez.

Dio un discurso pausado y segmentado, propio de un texto preparado, con frases cortas pensadas para subtitularse y citarse.

Puedes leer: Habló Delcy; ahora me toca a mí: Machado respalda la ruta de Marco Rubio y convoca a una «transición a la venezolana» – dehablahispana.com

El giro económico y la soberanía

Es en este tramo donde se concentra la mayor distancia con su pasado. Rodríguez afirma que la propiedad privada es un derecho protegido por la Constitución, ordena valorar activos para devolverlos y celebra la suscripción de 61 contratos petroleros, además de negociaciones mineras en oro, aluminio y hierro. A la vez, declara que la soberanía no se negocia.

Es la maniobra del doble registro: una apertura económica profunda envuelta en lenguaje identitario para tranquilizar a la base. Encaja con lo reportado por la prensa sobre una campaña pública para convencer a los sectores radicales de que no es un títere de Washington, mientras Donald Trump elogia su liderazgo.

La Delcy de ayer frente a la de hoy

La hemeroteca de Delcy Rodríguez es su criptonita política. En 2017, como canciller, rechazó ante la OEA que Venezuela se sometiera a la tutela de potencias extranjeras. En 2024 decía que querían robarse el petróleo y que para ello necesitaban una clase política entreguista. Antes de enero de 2026 sostenía que no habría petróleo regalado ni robado para ningún poder extranjero.

Tras la captura de Maduro, el 3 de enero afirmó que Venezuela tenía un solo presidente y que no sería colonia de ningún imperio. Un día después se abrió a una agenda de cooperación con Washington. El 16 de enero criticó ante la Asamblea Nacional la expansión imperialista estadounidense y esa misma tarde se reunió con el director de la CIA. En julio aún negaba el fraude de 2024; en septiembre agradecía a Trump en la ONU.

En el discurso no hay una sola mención a Estados Unidos ni a Maduro. Esa omisión es el gesto más elocuente: el giro se ejecuta sin nombrarlo. Susan Stokes estudió en Mandates and Democracy (2001) estos «giros por sorpresa» de líderes que gobiernan contra su plataforma original. Rodríguez quiere liderizar un proyecto que adopta reformas de apertura sin renunciar al control político: liberaliza la economía, pero sin ceder control político.

Hay un detalle revelador: Rodríguez pidió a los medios que no estigmaticen la imagen de Venezuela y reconoció que portales habían estado bloqueados por «medidas administrativas». Admite el bloqueo mientras pide responsabilidad a quienes lo sufrieron.

La lectura contraria

Un análisis serio debe incluir el otro lado. Quienes la defienden sostienen que su giro responde a coacción y no a conversión. Trump la amenazó con pagar un precio mayor que Maduro si no cooperaba, y el secretario de Estado Marco Rubio advirtió que la cooperación es condicional y que el uso de la fuerza sigue siendo una opción. La BBC la describió con una metáfora: se dobla para no romperse. Otros observadores señalan que su liberalización, aunque limitada, representa algo de esperanza para los venezolanos.

El chavismo, además, está dividido entre quienes respaldan sus políticas y quienes denuncian su alianza con Trump. Desde esa óptica, la frase «esto no es ceder demasiado ni avanzar demasiado poco» no sería maquillaje sino la descripción honesta de un equilibrio imposible. También puede argumentarse que anclar los salarios al crecimiento es más responsable que fijar una cifra arbitraria, y que ofrecer verificación a organizaciones independientes es un compromiso comprobable. Que cumpla es otra cuestión.

Conclusión: ¿campaña iniciada?

La evidencia respalda una tesis moderada: hay una conducta compatible con una precampaña, pero no una candidatura declarada. El anuncio salarial, el giro a favor del sector privado, el control del calendario y la gestión de imagen son consistentes con ese objetivo. También lo son con la simple supervivencia política de una gobernante tutelada. Las dos lecturas no se excluyen.

Lo sólido es la distancia entre su trayectoria y su presente, y el vacío de lo que no explicó: de dónde saldrán los recursos, cuándo habrá elecciones y bajo qué reglas.

Nos toca en los próximos días realizar el mismo análisis del discurso pronunciado por la líder opositora Maria Corina Machado.

Redaccion equipo DHH. Nota metodológica: este trabajo tiene como apoyo lo leído también en EFE, Infobae, El Pitazo, La Patilla, Aporrea, NTN24, DW, BBC y otros medios, así como en la revisión del mensaje.

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