El bolsonarismo llega para probar que sobrevive sin su fundador. Lula, del otro lado, apuesta otra vez al relato del obrero devenido estadista que ya lo llevó a la presidencia tres veces

08/16/2026. Con apenas una luz de diferencia en las encuestas y un balotaje que ya casi todos dan por descontado, Brasil arrancó este domingo formalmente su campaña electoral para las presidenciales.
Los dos principales candidatos eligieron sus cunas políticas para dar el puntapié inicial: el presidente Luiz Inácio Lula da Silva volvió al estadio del ABC paulista donde construyó su carrera como dirigente sindical hace casi medio siglo, y Flavio Bolsonaro subió a un camión con sonido en la playa de Copacabana, escenario de las manifestaciones más multitudinarias durante el gobierno de Jair Bolsonaro. 1/100:13Lifestyle Continue watchingLos psicólogos coinciden: volver a ver películas o series que ya vimos está relacionado con la búsqueda del bienestarafter the ad
Lula, de 80 años, alternó la nostalgia por sus tiempos de dirigente sindical con una defensa dura de su gestión y una embestida contra la derecha. “Ustedes pusieron en la presidencia a un peón, casi un analfabeto, pero conozco el corazón y la mente de este pueblo”, dijo, reivindicando sus orígenes humildes.
Flávio, en cambio, apostó por capitalizar el desgaste económico y la sensación de inseguridad con un discurso antisistema. Acusó a los poderes de Brasilia de generar en el resto del país “asco” y prometió mano dura contra el crimen organizado si es electo presidente.
La ley electoral fijó para el 16 de agosto el inicio formal de la propaganda. Los candidatos ya pueden pedir el voto abiertamente y organizar caravanas y actos masivos, aunque la televisión y la radio recién transmitirán propaganda electoral el 28 de agosto. La carrera hacia las urnas del 4 de octubre arranca, según un sondeo de la consultora Quaest divulgado el viernes, con un empate técnico en un eventual balotaje: 43% para Lula, 40% para Flávio, con un 4% de indecisos.
Lula llegó en helicóptero pasado el mediodía a Vila Euclides -el estadio con capacidad de 12 mil quinientas butacas donde lideró las asambleas metalúrgicas de fines de los años setenta, en plena dictadura- y bajó a caminar entre la gente bajo el sol.
Antes de su discurso, se proyectó un video en el que Lula se leyó a sí mismo una carta escrita en 1979, cuando era un dirigente sindical perseguido: “Después de 47 años y de ganar tres elecciones presidenciales, ni imaginaba que podría reconstruir Brasil”, decía la voz en off, acompañada de imágenes de aquellas huelgas.
Ya en el escenario, con el sombrero que usa desde que le extirparon una lesión de piel en el cuero cabelludo, el presidente de Brasil alternó nostalgia sindical con dureza política, en un discurso de unos 40 minutos.
“Mientras yo esté vivo, no voy a parar de luchar ni voy a permitir que vuelva una derecha responsable de la muerte de 400.000 personas durante la pandemia de Covid19 por irresponsabilidad con la vacuna”, dijo, en la frase que más resonó contra el bolsonarismo.
El mandatario, que busca su cuarto mandato como presidente de Brasil, prometió recrear un Ministerio de Seguridad Pública si el Congreso aprueba la reforma que impulsa y también aseguró que desea industrializar el país a partir de los recursos de las tierras raras.
“No quiero que Rusia, Estados Unidos ni China vengan a explotar nuestro Brasil: somos nosotros los que vamos a extraerlas, industrializarlas y dar trabajo acá”, prometió.
Bajo el eslogan “Brasil listo para mucho más”, admitió “no estar satisfecho” con lo alcanzado en el país, promediando su tercer mandato.
Lo acompañaron, sobre el escenario, su vicepresidente, Geraldo Alckmin, y el exministro de Hacienda y candidato a gobernador de San Pablo, Fernando Haddad, además de la primera dama, Janja da Silva.
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A 400 kilómetros de allí, sobre un camión con sonido acoplado plantado en la Avenida Atlántica de Copacabana, Flavio llegó junto a su esposa, Fernanda Bolsonaro, su candidato a vice, Alfredo Gaspar, y el candidato a gobernador Douglas Ruas, mientras banderas de Estados Unidos flameaban entre la militancia y un simpatizante disfrazado con toga y pañales imitaba al juez de la Corte Suprema Alexandre de Moraes.
El primogénito del expresidente de Brasil (2019-2022) reprodujo por los parlantes un audio con un viejo discurso de su padre y, al tomar el micrófono, lo comparó con un ícono irrepetible: “Es difícil comparar a Pelé con el hijo de Pelé, pero estoy acá con toda la humildad”.
Arriba del camión, mantuvo un tono antisistema y combinó un ataque a Lula, a quien castigó por el aumento del costo de vida y escándalos de corrupción.
“La esperanza de este gobierno se convirtió en deuda”, dijo. Usó también un ejemplo doméstico para ilustrar la pérdida de poder adquisitivo: dijo que la docena de huevos ahora trae solo diez unidades.
“Es un gobierno marcado por la corrupción: fue el Mensalão, el robo del Insituto Nacional de Seguridad Social. Ahora la corrupción llegó dentro del propio gabinete de Lula”, agregó, en referencia a un exasesor presidencial señalado en la causa, y apuntó también contra Fábio Luís “Lulinha”, el hijo del presidente, investigado por la policía federal.
El senador prometió que si es electo para gobernar a partir de 2027 llevará a cabo un “tijeretazo” de ajuste fiscal, rebajará impuestos y será responsable por designar cuatro jueces en la Corte Suprema con perfiles “en contra del aborto y de la legalización de las drogas”.
Copacabana no fue un lugar elegido al azar. Flávio volvió al lugar donde nació políticamente el clan. El lunes viajará a Juiz de Fora, la ciudad de Minas Gerais donde su padre fue apuñalado en la campaña de 2018, otro escenario cargado de simbolismo.
Con información de lanacion.com.ar
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