La ilusión del «modelo Bukele»: solo Estados Unidos puede contener la espiral del caos haitiano

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En medio de la creciente zozobra que abate a Haití, la opinión pública regional y los debates en redes sociales suelen caer en la trampa del populismo de respuestas simplistas. Propuestas que claman por la exportación del «modelo Bukele» o la intervención de figuras mesiánicas al estilo Rambo no solo ignoran la verdadera naturaleza de las crisis geopolíticas complejas, sino que apelan a la fantasía de solucionar en días problemas estructurales profundamente arraigados.

11/01/2026. El experto y analista político Iván Gatón advierte que la historia reciente demuestra las limitaciones de este enfoque: Estados Unidos intervino militarmente en Vietnam y la OTAN permaneció durante dos décadas en Afganistán; sin embargo, hoy el primero continúa bajo un régimen comunista y en el segundo las tropas internacionales tuvieron que retirarse dejando el control en las mismas manos.

Ante el recrudecimiento de la violencia y tras incidentes mediáticos como la captura de efectivos salvadoreños en territorio haitiano, Gatón enfatiza que ni El Salvador ni la República Dominicana disponen de la capacidad logística o económica para pacificar una geografía tan accidentada como la haitiana. Una operación de pacificación efectiva en zonas de alta montaña y barrios intrincados requiere despliegue de inteligencia satelital de alta precisión, abastecimiento militar constante y un marco legal de derecho internacional otorgado por las Naciones Unidas o la OEA, condiciones que únicamente una superpotencia como Estados Unidos puede articular. A esta realidad se suma un elemento geopolítico ineludible: la inmensa mayoría del armamento de alto calibre que hoy consolida el poder de las bandas criminales haitianas proviene directamente del mercado estadounidense.

De la disolución del ejército a las bandas armadas: Anatomía de un Estado fallido

La debacle social e institucional de Haití no es un fenómeno fortuito, sino el resultado del colapso progresivo del aparato estatal y de graves desaciertos internacionales. Uno de los hitos históricos más destructivos ocurrió cuando Estados Unidos impulsó la desarticulación del ejército haitiano, eliminando la columna vertebral que garantizaba el monopolio estatal de la violencia. Esta decisión generó un vacío de poder institucional con consecuencias idénticas a las observadas años más tarde tras el desmantelamiento de las fuerzas armadas en Irak. Sin un ejército constitucional y con una policía civil empobrecida y superada en fuego y recursos por el crimen organizado, la estructura de seguridad nacional quedó deshecha.

La instrumentalización de grupos armados por parte de las propias élites políticas y empresariales haitianas ha sido una constante en la historia reciente del país. Así como François Duvalier estructuró a los sangrientos Tonton Macoutes y Jean-Bertrand Aristide recurrió a las milicias urbanas de Famnile Lavalas, el expresidente Jovenel Moïse promovió y financió la consolidación de Jimmy Chérizier, alias «Barbecue», para articular su brazo de choque criminal. En la actualidad, las pandillas controlan aproximadamente el 80% de la zona metropolitana de Puerto Príncipe y atacan infraestructuras básicas de supervivencia, llegando al extremo de incendiar instalaciones médicas de organizaciones internacionales como Médicos Sin Fronteras. En este escenario, más de la mitad de la población carece de registro civil o acta de nacimiento, el sistema educativo público es prácticamente inexistente y episodios de violencia extrema —como la matanza de 60 personas en Kenskof o agresiones armadas dentro de templos religiosos— son ignorados de forma indolente por la prensa internacional.

Puedes leer: ¿Misión de rescate o despliegue de largo plazo? Las dudas en torno al envío de tropas salvadoreñas a Haití – dehablahispana.com

La frontera dominicana: Entre el alarmismo mediático y la realidad de la seguridad

La inestabilidad en el lado occidental de la isla representa una permanente espada de Damocles para la República Dominicana, el vecino geográfico más expuesto a las consecuencias directas del marasmo haitiano. No obstante, Iván Gatón insta a desmontar los relatos amarillistas de los medios masivos que sugieren una inminente incursión masiva de pandillas armadas a territorio dominicano. A pesar de los desafíos de la frontera terrestre de 391.6 kilómetros y de la constante presión migratoria irregular, los organismos de inteligencia del Estado dominicano cuentan con los niveles de control y rigor necesarios para impedir que grupos pandilleros foráneos logren establecer redes criminales del lado oriental de la isla.

La diferencia de realidades entre ambas naciones resulta abrumadora y perceptible de forma inmediata al cruzar los pasos fronterizos como Malpaso o Jimaní. Mientras Haití sufre una deforestación ambiental devastadora en la que apenas conserva un 2% de su capa boscosa y depende del caudal de ríos nacidos en territorio dominicano —como el Artibonito en Nalga de Maco— para irrigar su valle agrícola principal, la República Dominicana mantiene su verdor y sus estructuras institucionales. Pese a esta marcada asimetría, la clase política dominicana ha incurrido en fallas estratégicas históricas al abordar la relación con el país vecino.

La miopía electoral de la democracia y la necesidad de un «muro humano»

Uno de los señalamientos más críticos vertidos por el analista radica en la carencia de una política de Estado coordinada y de largo plazo por parte de la democracia dominicana. A diferencia de programas dictatoriales del pasado —como la política de «dominicanización de la frontera» durante el régimen de Trujillo, que promovió el asentamiento subvencionado de familias dominicanas, españolas y japonesas en comunidades estratégicas como La Vigía, Mensía y Restauración—, los gobiernos democráticos han supeditado la inversión pública al cálculo electoral de corto plazo. Al priorizar el presupuesto estatal en función de la densidad de votantes y descuidar una franja fronteriza habitada por apenas 550,000 personas, las administraciones han dejado desprotegidos a los verdaderos centinelas de la soberanía nacional.

Asimismo, Gatón advierte que la clase política dominicana ha permitido que la diplomacia y las élites intelectuales haitianas le ganen la batalla del relato en los organismos internacionales. Egresados de prestigiosas universidades globales, los diplomáticos de Haití han desplegado un cabildeo eficaz que posiciona a su país como víctima y a la República Dominicana como un Estado agresor, eclipsando la histórica solidaridad del pueblo dominicano, puesta de manifiesto en momentos trágicos como el terremoto del año 2010.

Inversión estratégica, desarrollo binacional y la urgencia de un Plan Marshall

Para revertir la vulnerabilidad en la zona limítrofe, el análisis propone transformar la visión sobre la frontera, reconociendo su alto valor económico y social. Haití representa el segundo socio comercial de la República Dominicana, y dinámicas como los mercados binacionales de Dajabón, Jimaní y Pedernales, o el desarrollo del parque industrial CODEVI en Juana Méndez —que genera más de 20,000 empleos directos—, demuestran que la integración comercial y la creación de plazas laborales constituyen la herramienta más efectiva para fijar la población al territorio y garantizar la estabilidad. Tomando como referencia la estrategia educativa de Deng Xiaoping en China, Gatón plantea otorgar becas de formación técnica y profesional a los jóvenes de las provincias fronterizas para que se capaciten en el exterior y retornen a impulsar sus comunidades.

Redacción DHH sobre entrevista en YouTube.

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