En medio de una crisis que asfixia a la isla, el gobierno de Cuba anunció un paquete de medidas para seducir al capital extranjero y oxigenar su economía.

11/26/2025. El presidente Miguel Díaz-Canel, acompañado de altos funcionarios, inauguró la Feria Internacional de La Habana con un mensaje claro: los inversores podrán operar en dólares, contratar directamente a sus empleados e incluso apostar por bienes raíces.
El ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Óscar Pérez-Oliva Fraga, aseguró que se priorizarán proyectos capaces de generar divisas frescas y alinearse con los objetivos de desarrollo del país.
Este giro marca un distanciamiento del rígido régimen de inversión heredado de la era soviética, caracterizado por la burocracia, la obligación de usar moneda local y las restricciones para repatriar ganancias. Durante décadas, esas reglas fueron un muro que desalentó a potenciales socios internacionales.
La urgencia es evidente: apagones diarios, una moneda desplomada, epidemias y una migración récord han erosionado el tejido económico y social. Aunque Cuba aprobó este año 32 nuevos negocios valorados en 2.100 millones de dólares, aún no está claro cuánto de ese capital se ha materializado.
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El desafío es monumental: atraer inversión en un escenario global adverso y bajo sanciones más duras desde Washington. El intento de flexibilizar el régimen económico podría convertirse en la apuesta más arriesgada —y necesaria— del gobierno cubano en décadas.
Redacción Tony Romero para DHH.
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