Fernando Armando Valdés Pérez, de 61 años, logró durante décadas lo que parecía imposible: ganarse el afecto y la confianza ciega de las figuras más emblemáticas del anticastrismo en el sur de Florida, mientras presuntamente enviaba informes secretos directamente a La Habana.

09/02/2026. El pasado 7 de agosto de 2026, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) puso fin a su doble vida al deportarlo formalmente del país. La expulsión ocurrió tras una investigación federal que determinó que Valdés Pérez obtuvo su residencia permanente mediante fraude, ocultando deliberadamente su afiliación con la inteligencia cubana.
La infiltración: Un plan trazado desde los años noventa
Las autoridades estadounidenses sostienen que la misión de Valdés Pérez comenzó a mediados de la década de 1990, cuando los servicios de inteligencia de la isla lo comisionaron para penetrar los grupos opositores en América Latina y Estados Unidos. Para cumplir su cometido, adoptó una fachada de férreo opositor al comunismo cubano.
Su mayor logro de infiltración fue ganarse la confianza de figuras de alto perfil, en especial del histórico y controvertido líder opositor Luis Posada Carriles, con quien mantuvo una estrecha y afectuosa relación hasta la muerte de este en Miami en 2018. Valdés Pérez no solo transportaba frecuentemente a Posada Carriles, sino que también organizaba eventos personales en su casa, incluyendo la celebración de su último cumpleaños.
Las primeras grietas: Sospechas y fotos secretas en Panamá
A pesar de su imagen de aliado incondicional, no todos en el exilio confiaron en él. Las sospechas en su contra se remontan al año 2000 en Ciudad de Panamá, durante el encarcelamiento de Posada Carriles y otros tres exiliados cubanos.
Orlando González, opositor cubano y colaborador de la Fundación Rescate Jurídico, relató que conoció a Valdés Pérez en las visitas semanales a la prisión panameña. González comenzó a dudar debido al enorme flujo de dinero que gastaba Valdés Pérez y la asombrosa facilidad con la que obtenía permisos de acceso extraordinarios de altos oficiales policiales en Panamá.
La desconfianza llevó a González a tomar medidas extremas: aprovechando un descuido en la habitación de hotel de Valdés Pérez, fotografió en secreto con una cámara desechable los documentos dentro de su maletín. Allí descubrió una tarjeta comercial vinculada a negocios activos en Cuba e Italia, una contradicción flagrante con el perfil anticastrista que el presunto agente proyectaba. González alertó a los detenidos y, posteriormente, entregó información detallada de sus sospechas a agentes del FBI. Sin embargo, Posada Carriles prefirió mantener su confianza en él.
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El Cadillac negro y la silenciosa captura
El rastro de Valdés Pérez en Florida antes de su arresto quedó registrado en un tribunal de tránsito. Apenas cuatro meses antes de su detención, el 1 de marzo de 2026, un alguacil lo multó en Fort Myers Beach por ignorar una señal de tránsito mientras conducía un lujoso Cadillac negro modelo 2024. Su defensa legal resolvió el caso mediante una declaración de nolo contendere vía Zoom en abril.
La doble vida del presunto espía se derrumbó definitivamente el pasado 10 de julio de 2026, cuando fue arrestado en el Aeropuerto Internacional de Miami en un operativo conjunto de ICE, el FBI y la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP).
Aunque su deportación ya es un hecho, las agencias federales han mantenido bajo estricta confidencialidad los detalles más profundos del caso: aún no se ha revelado a qué país fue deportado, qué secretos específicos transmitió a La Habana, quiénes eran sus oficiales de enlace o si enfrentará cargos criminales en el futuro.
Redacción equipo DHH sobre lectura de medios
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