La dinámica geopolítica contemporánea se rige por dogmas implacables que suelen desmantelar las ilusiones del idealismo democrático. En la arquitectura del poder global predominan aforismos crudos y distópicos que, por duros que parezcan, reflejan la auténtica praxis entre las naciones: la geopolítica carece de corazón y de sentimientos.

10/16/2026. Asi plantea la geopolítica el profesor Manuel Cruz, quien dice que más aún, tras la irrupción del presidente Donald Trump en la escena internacional, este axioma ha perdido incluso el llamado «medio fondo» que caracterizaba a la diplomacia tradicional. En el pasado, los objetivos estratégicos se perseguían de forma velada y subrepticia —a la manera de quien busca apoderarse disimuladamente del vehículo de un tercero—; hoy, la dinámica se ejecuta de manera frontal y explícita, exigiendo los activos directamente y sin rodeos.
A esta realidad se suma una segunda regla cardinal: todo actor o Estado debe garantizar sus pies debajo de la mesa donde se disputa el poder en el tablero global; de lo contrario, al no formar parte de la negociación, está destinado irremisiblemente a figurar en el menú. En este tablero, al menos hasta ahora, los comensales son quienes aun detentan el poder en Venezuela, y los representantes de la Asamblea Nacional del 20215, que son los adláteres del gobierno norteamericano.
El «síndrome venezolano» y la miopía del análisis regional
Un ejemplo de la practicidad de la geopolítica, es la frialdad conque el sistema internacional se comporto con la captura de Maduro: ninguna nación en el mundo procedió a llamar a consulta a sus embajadores tras los sucesos acontecidos.
Esta desconexión entre la pasión diplomática y la realidad estratégica sirvió como preámbulo para anticipar el desenlace del proceso de transición y la suerte política reservada a María Corina Machado. El caso venezolano se ha constituido en la prueba reina que confirma que en el ajedrez del poder no hay cabida para las emociones.
El aislamiento revelado: Las confesiones al New York Times
Las recientes declaraciones ofrecidas por María Corina Machado y reseñadas por The New York Times han expuesto las fisuras de su posición estratégica. En dicha entrevista, la líder opositora detalló los pilares de su crítica situación actual:
- Exclusión de las negociaciones: Denunció haber sido total y absolutamente marginada de las conversaciones entre el denominado chavismo y los sectores de la oposición tradicional, para quienes su figura ha dejado fácticamente de existir.
- Cuestionamiento al pacto petrolero: Fijó una postura crítica frente al acuerdo energético anunciado entre el gobierno de Venezuela y la administración de los Estados Unidos, advirtiendo que, si bien no actuará como un elemento de obstrucción, únicamente respaldará iniciativas encaminadas de forma efectiva al restablecimiento democrático.
- Deterioro de alianzas clave: Dejó en evidencia un distanciamiento sustancial con la administración estadounidense y, de manera particular, con el Secretario de Estado, quien históricamente había figurado como su principal aliado y punto de coincidencia.
- Señalamientos directos a actores económicos: Calificó públicamente como «delincuente» al empresario Betancur, socio primario en la articulación del pacto petrolero, acusándolo de haber actuado como contratista eléctrico durante el régimen y de ser el responsable directo de los colapsos y apagones que aquejan al país.
- Imposibilidad de retorno: Reveló que ha intentado infructuosamente ingresar a territorio venezolano en siete oportunidades a través de diversas vías, viéndose imposibilitada de retornar a su patria.
Machado ha sido clara y sincera en el tema petrolero y esa claridad no le ha dado buenos dividendos con la Administración Trump. En esa entrevista dejó ver que hay una situación difícil entre ella y la administración, y sobre todo con el secretario de Estado, que era un hombre que siempre le apoyó a ella, y coincidían mucho. Ha cuestionado abiertamente al señor Betancur, que es el socio primario entre el gobierno y el acuerdo petrolero; ha dicho: «Este señor es un delincuente». Este señor fue contratista durante los gobiernos de la dictadura, dice ella, para el tema eléctrico, y hoy todos esos apagones que sufre el país; él es el causante de eso fundamentalmente.
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El Nobel de la Paz como jaula de cristal y la pérdida del pragmatismo
El diagnóstico sobre la trayectoria de Machado revela una trágica paradoja entre sus reconocimientos y su viabilidad política. Pese a contar con indiscutibles méritos personales y trayectoria, su perfil no se ajustaba a las características pragmáticas que se necesitaban en el tutelaje venezolano. La concesión del Nobel de la Paz lejos de favorecerla en el juego politico con los Estados Unidos, terminó por atar sus márgenes de maniobra de forma permanente: antes, durante y después de su recepción. Una Premio Nobel no puede ser pragmática, porque se debe a los principios y valores del premio
En el tablero geopolítico actual —marcado por las exigencias operativas de la administración estadounidense y los intereses del presidente Trump— se requería un liderazgo con plena flexibilidad pragmática. El estatus derivado del Nobel rigidizó la posición de Machado, impidiéndole adaptarse a los acomodos de poder. Al manifestar públicamente que revisaría todos los acuerdos pactados en caso de acceder al gobierno, la dirigente confirmó las razones por las cuales quedó completamente descartada para encabezar la transición venezolana.
El contraste pragmático y el juego de póquer en Caracas
Frente al replegamiento de Machado, la contraparte gubernamental —representada en la figura de Delcy— demostró una lectura superior de la correlación de fuerzas. Al comprender que los intereses geopolíticos estadounidenses buscaban utilizar la coyuntura, la dirigencia oficialista optó por descifrar las intenciones de Washington y entregarles todo a cambio de mantenerse en el poder.
En una analogía propia del póquer, aun cuando un jugador posea menor destreza teórica, si logra ver las cartas de su adversario, puede alzarse con la victoria. Así, mientras Machado permanecía al margen, la representación gubernamental venezolana procedió a negociar directamente, a entregar sin tropiezos todo lo que Trump pide, exhibiendo pragmatismo y desplazándose en el escenario internacional junto al presidente Trump para resguardar sus cuotas de poder.
Cuando la geopolítica impone sus reglas, aquellos que no logran asentarse firmemente en la mesa de negociación terminan inevitablemente convertidos en el plató principal de las grandes potencias. María Corina Machado, sabe que esta en ese menu, y demuestra con aciertos y tropiezos, que esta intentando no se la coma la praxis geopolítica que vive actualmente Venezuela.
Redacción libre equipo DHH sobre comentarios y lecturas de los analistas Ivan Gaton y Manuel Cruz en YouTube, con ayuda sistemática de IA.
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