La Inteligencia Artificial (IA) ha dejado de ser una simple frontera tecnológica para convertirse en el epicentro de la reestructuración del poder global. En el marco de las recientes sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas —consolidadas tras la adopción del Pacto para el Futuro y la histórica Resolución A/RES/79/325—, la comunidad internacional ha intentado institucionalizar la gobernanza de esta tecnología mediante la creación del Panel Científico Internacional y el Diálogo Global sobre Gobernanza de la IA.

09/27/2026. Sin embargo, los debates en la sede de la ONU en Nueva York chocan frontalmente contra una realidad descarnada expuesta por organismos como la UNCTAD (Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo): más del 80 % de la inversión privada global en IA y cerca del 70 % de los investigadores de élite se concentran exclusivamente en dos potencias, Estados Unidos y China. Esta brecha abismal amenaza con transformar la economía digital en una nueva forma de subordinación neocolonial para el Sur Global.
Entre el monopolio del silicio y la gobernanza multilateral de la ONU
Frente a esta coyuntura, el politólogo Manuel Cruz sostiene que la contienda no responde a un debate ético desinteresado sobre el bienestar de la humanidad, sino a una lucha abierta entre Washington y Pekín por la hegemonía del siglo XXI. Cruz explica cómo la administración estadounidense impulsó una «Gran Alianza» orientada a bloquear militar y comercialmente el acceso de China a los semiconductores de última generación. No obstante, la irrupción de modelos de código abierto chinos como DeepSeek o Kimi —capaces de competir con ChatGPT utilizando una fracción del coste computacional— ha fracturado el cerco occidental. Ante esta amenaza a su ventaja comercial, los tecnócratas de Silicon Valley han acudido al Consejo de Seguridad de la ONU demandando regulaciones internacionales restrictivas; una maniobra que, según Cruz, no busca frenar sus propios avances, sino erigir una suerte de «OPEP del Silicio» que congele la competencia y asegure su monopolio bursátil.

Esta dinámica de confrontación tecnológica encuentra su marco teórico definitivo en el informe estratégico de la Corporación RAND titulado Cómo la Inteligencia Artificial General podría afectar el ascenso y la caída de las naciones. La institución de análisis de seguridad de EE. UU. establece ocho escenarios de futuro basados en el grado de centralización del desarrollo tecnológico. RAND advierte que la brecha geopolítica puede derivar en una «Segunda Guerra Fría», donde la paridad tecnológica entre bloques incrementa el peligro de acciones militares, o en una «Ventaja Autoritaria», donde la IA fortalece estructuralmente a regímenes autocráticos. Para RAND, el control de los insumos del cómputo es el factor determinante que decidirá si el orden internacional se mantiene unipolar o se fragmenta irreversiblemente.

Por su parte, el periodista y ensayista Carlos del Castillo, en su obra Inteligencia artificial: cartografía de una revolución, aporta la geografía física sobre la que se libra esta contienda. Del Castillo desmonta el mito de la IA como una «nube» inmaterial, revelando una cadena de valor hiperconcentrada en cuellos de botella críticos: las máquinas de litografía ultravioleta de ASML en Países Bajos, la producción del 90 % de los microchips avanzados en Taiwán protegida por su «Escudo de Silicio», el diseño de procesadores por parte de NVIDIA en EE.UU., y el monopolio de China sobre el refinado de tierras raras como el galio y el germanio. Mientras la Asamblea General de la ONU clama por un principio de «interoperabilidad por diseño» que garantice el desarrollo de todos los Estados, los análisis cruzados de Cruz, RAND y Del Castillo demuestran que el destino de la IA no se decide en el ordenamiento jurídico multilateral, sino en la diplomacia de contención sobre las fundiciones de microchips.
La narrativa del pánico ha alcanzado su punto álgido
En las altas esferas de la diplomacia internacional, la narrativa del pánico ha alcanzado su punto álgido. Las comparecencias de altos ejecutivos de las principales multinacionales de la IA ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas han estado marcadas por advertencias catastrofistas: la posibilidad de que sistemas desalineados provoquen la extinción de la humanidad hacia el año 2030 o desencadenen emergencias biológicas. En respuesta, la ONU ha intentado dotarse de un mecanismo de evaluación neutro mediante su nuevo Panel Científico Internacional, copresidido por figuras independientes como Yoshua Bengio y Maria Ressa, para desvincular la evidencia técnica objetiva de las presiones corporativas.
Manuel Cruz desenmascara la trampa comercial que subyace a este discurso del fin del mundo promovido por magnates como Sam Altman o Dario Amodei. El analista lanza una pregunta incisiva: si los tecnócratas que ostentan el monopolio de la IA están genuinamente aterrorizados por el riesgo existencial de sus creaciones, ¿por qué ninguno de ellos ha propuesto detener la producción o retirar sus modelos del mercado? Cruz subraya que se trata de una cuidada estrategia mercadológica y económica. Al presentar sus algoritmos como un «superpoder nuclear» capaz de destruir la civilización, incrementan exponencialmente el valor bursátil de sus compañías en Wall Street, mientras exigen al Consejo de Seguridad normativas globales que impidan la entrada de nuevos competidores, empresas europeas o desarrollos de código abierto.
Desde la perspectiva de la seguridad estratégica, la Corporación RAND analiza las implicaciones de esta pérdida de control en escenarios como el «Golpe de la AGI» (Escenario 7) y «La Botella Corchada» (Escenario 4). RAND reconoce que el problema de la alineación algorítmica y la posibilidad de que modelos superhumanos desarrollen conductas autónomas o coludidas representa un peligro técnico real para los Estados. No obstante, sus análisis revelan que la instrumentalización del miedo por parte de las potencias puede conducir a tratados internacionales de congelación tecnológica que, lejos de neutralizar el peligro, consolidan un oligopolio donde solo las estructuras estatales e industriales dominantes conservan la capacidad de operar estos sistemas.
Carlos del Castillo desarmó técnicamente esta narrativa apocalíptica mediante el concepto histórico de la «Comprensión Potemkin». Así como el ministro ruso Grigori Potemkin levantó fachadas falsas para engañar a la zarina Catalina la Grande sobre la prosperidad de sus dominios, los modelos generativos de IA despliegan una fachada fascinante de lenguaje articulado que simula razonamiento, pero detrás solo hay cálculos matemáticos probabilísticos que concatenan palabras sin conciencia, moral ni sentido común. Del Castillo denuncia que el pánico sobre la extinción humana impulsado en foros internacionales funciona como una cortina de humo mediática. Este relato hollywoodense distrae a la opinión pública de las amenazas inmediatas y documentadas del «capitalismo de vigilancia»: el perfilado masivo de ciudadanos, la manipulación del voto democrático y el despliegue de herramientas de control policial sin supervisión judicial.
Informe completo de la Corporacion Rand sobre IA:
Durante las deliberaciones en la Asamblea General de la ONU, la creciente militarización de la Inteligencia Artificial y la fragmentación del comercio tecnológico han encendido las alarmas de los diplomáticos. Los países en desarrollo han instado a la ONU a establecer salvaguardias que impidan que las sanciones comerciales unilaterales y los bloqueos tecnológicos deriven en una escalada bélica impredecible entre las superpotencias.
Manuel Cruz analiza cómo las restricciones a la exportación dictadas por Washington sobre los semiconductores avanzados marcaron el inicio de una guerra de contención abierta. Sin embargo, destaca la astucia de la réplica estratégica de China: en lugar de ceder al estrangulamiento, Pekín impulsó una política de democratización tecnológica basada en modelos eficientes y la apertura de código. Esta estrategia asestó un golpe directo al corazón financiero de Silicon Valley, provocando desplomes bursátiles del 15 % en un solo día tras la presentación de alternativas abiertas chinas. Para Cruz, la resistencia de China a través del código abierto demuestra que el bloqueo comercial no ha sofocado el avance rival, sino que ha acelerado la pérdida del monopolio estadounidense.
La Corporación RAND proyecta la derivación más extrema de este estrangulamiento comercial en su Escenario 8, denominado «Computación Nube de Hongo» (Mushroom Cloud Computing). RAND traza un paralelismo histórico con la decisión del Imperio del Japón de atacar Pearl Harbor en 1941: si los controles de exportación sobre el silicio y las presiones económicas de Estados Unidos hacen que el liderazgo chino perciba que su régimen enfrenta un declive irrevocable y un estrangulamiento tecnológico permanente, Pekín podría verse tentada a ejecutar una acción militar preventiva para apoderarse de Taiwán y controlar la infraestructura mundial de semiconductores, desencadenando una conflagración mundial.
Esta hipótesis se vincula directamente con la cartografía física trazada por Carlos del Castillo, quien explica cómo Taiwán ha convertido su monopolio sobre la fabricación de chips a través de la empresa TSMC en un «Escudo de Silicio» que obliga a Occidente a defender su soberanía. Al mismo tiempo, Del Castillo revela cómo China contraataca amenazando la cadena de suministros occidental mediante restricciones a la exportación de minerales críticos como el galio y el germanio. Además, advierte que la transformación algorítmica de la guerra no vendrá de robots humanoides futuristas, sino de la realidad prosaica observada en los campos de batalla de Ucrania: enjambres de drones autónomos de 80 euros capaces de neutralizar tanques millonarios, redefiniendo la táctica militar al margen de los debates teóricos de las Cancillerías.
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La IA puede consolidar una estructura neocolonial en la economía planetaria
El cierre de los debates en la Asamblea General y las advertencias publicadas por organismos multilaterales como la UNCTAD subrayan que la brecha en IA puede consolidar una estructura neocolonial en la economía planetaria. Las naciones del Sur Global exigen en el seno de la ONU que el principio de «interoperabilidad por diseño» signifique verdaderamente «desarrollo por diseño», permitiendo que los países en desarrollo no sean meros proveedores de datos crudos ni consumidores pasivos de algoritmos extranjeros, sino participantes soberanos con capacidad de cómputo propia.
En última instancia, los planteamientos expuestos en la Asamblea General de la ONU, trenzados con los análisis de Cruz, RAND y Del Castillo, demuestran que la gobernanza de la Inteligencia Artificial es el tablero definitivo de la soberanía contemporánea. El futuro del orden internacional dependerá de la capacidad de la diplomacia multilateral para evitar que el relato del peligro existencial consolide un oligopolio tecnológico cerrado, garantizando que el poder del silicio no sea la herramienta de una nueva dictadura algorítmica, sino un recurso distribuido para el desarrollo de la humanidad.
Redacción equipo DHH con ayuda de IA para la simplificación y análisis de expertos.
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