Venezuela: el opositor Márquez juega posición adelantada e ignora el tutelaje de EE.UU.

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En un momento en el que el tablero político venezolano experimenta movimientos con negociaciones directas y pragmáticas, el excandidato presidencial Enrique Márquez reapareció este 20 de agosto en el Hotel JW Marriott de El Rosal, en Caracas, para presentar su propuesta denominada «Pacto por Venezuela». Bajo la premisa de que el país requiere una «paciencia activa» frente a la transición, Márquez aboga por un proceso de reconstrucción estructurado en tres etapas: estabilización, recuperación y transición. Sin embargo, la propuesta del dirigente político parece sufrir de un severo desfase cronológico y estratégico frente a la dinámica real que hoy concentra la atención nacional y el respaldo internacional.

08/20/2026. Mientras Márquez convoca a una consulta popular digital a través de una página web para definir los lineamientos de su plan, la transición real en Venezuela ya se está negociando en otra mesa mucho más vinculante: la de los dos parlamentos. Desde el 6 de agosto de 2026, la delegación de la Asamblea Nacional de 2015 (reconocida por Washington y liderada principalmente por partidos de la Plataforma Unitaria Democrática) y la administración parlamentaria de Delcy y Jorge Rodríguez iniciaron negociaciones formales. Este diálogo parlamentario, fuertemente tutelado y conducido por el gobierno de Estados Unidos, ya ha dado frutos tangibles que eclipsan cualquier propuesta paralela. El pasado 12 de agosto, ambas facciones cerraron su primera ronda con un acuerdo de alto impacto: reformar el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) para despojarlo de la cooptación oficialista y abrir una ruta hacia la reinstitucionalización. Además, estas conversaciones han propiciado la excarcelación de al menos 105 presos políticos, demostrando que la agenda de cambio real pasa por las decisiones directas de esta mesa legislativa, y no por foros consultivos abstractos.

Este escenario deja a Márquez en una incómoda disyuntiva: o su chispa política anda atrasada al proponer debates ya superados por la mesa bilateral, o está jugando una «posición adelantada» infructuosa al intentar posicionarse como un interlocutor indispensable ante Washington. Aunque Márquez envió su documento a la administración estadounidense, el Secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, ya ha dejado claro que el canal prioritario y legítimo para Washington es el diálogo directo entre la AN de 2015 y la representación de Delcy Rodríguez.

De acuerdo con análisis políticos recientes y reportes de prensa internacional, este apresuramiento de Márquez responde a una necesidad urgente de visibilidad política. Tras su excarcelación en enero de 2026, la imagen pública de Márquez —quien inicialmente ganó simpatía al reclamar con firmeza el presunto fraude de las elecciones de julio de 2024— sufrió un rápido desinfle. El detonante de este declive fue su controvertido posicionamiento respecto al «perdón» y la reconciliación inmediata con el régimen que lo encarceló, así como su abierta defensa del expresidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, a quien agradeció públicamente su mediación familiar y calificó como un «hermano». Para una parte sustancial de la oposición, la figura de Zapatero es vista con profunda desconfianza por considerarla un instrumento de mediación condescendiente que tiende a normalizar al sistema sin desmontar sus estructuras de poder. Al abrazar la retórica de la reconciliación impulsada por Zapatero y el presidente colombiano Gustavo Petro, la figura combativa de Márquez se desdibujó rápidamente, dejándolo marginado de la toma de decisiones reales. Así, la presentación del «Pacto por Venezuela» en un hotel capitalino se perfila más como una campaña de relaciones públicas para reinsertarse en la escena nacional que como un plan viable de gobernabilidad.

Puedes leer: Diálogo en Venezuela: «En septiembre vamos a estar con las garantías políticas y civiles» – dehablahispana.com

Las claves del «Pacto por Venezuela»: ¿Qué propone Enrique Márquez?

A pesar de las críticas sobre su oportunidad política, el documento del «Pacto por Venezuela» recoge una serie de propuestas orientadas a una eventual transición pacífica. Los puntos fundamentales de su planteamiento se estructuran de la siguiente manera:

  • Ruta de tres etapas: Márquez propone un esquema progresivo basado en la estabilización, recuperación y transición democrática. Defiende que el país no puede reconstruirse de inmediato tras acumular 27 años de profundo deterioro institucional y colapso de los servicios públicos (como el sistema eléctrico).
  • Reformas políticas de fondo: Plantea modificaciones constitucionales clave, entre las que destacan la eliminación de la reelección indefinida y la instauración de un esquema de segunda vuelta electoral para dar mayor legitimidad a los procesos presidenciales.
  • Seguridad económica e inversión: Para reactivar el aparato productivo, la propuesta prioriza el respeto irrestricto a la propiedad privada y el otorgamiento de plenas garantías para la inversión extranjera.
  • La alianza con Estados Unidos: Márquez asume pragmáticamente que el futuro de Venezuela está íntimamente ligado al de Norteamérica. Sostiene que Estados Unidos debe ser un «acompañante y socio» indispensable en este proceso y que es necesario reconocer el peso geopolítico de Washington en la transición venezolana.
  • Consulta abierta a la ciudadanía: El documento se presenta como un borrador flexible para someterlo a consulta popular. A través del portal digital pactoporvenezuela.org, se invita a los ciudadanos a participar y complementar la propuesta.
  • Valores de soberanía y paz: El planteamiento enfatiza la necesidad de priorizar la soberanía, la seguridad y la paz nacional para evitar que la transición derive en nuevos conflictos internos.

En resumen, mientras Márquez intenta canalizar el descontento a través de una propuesta conceptual e institucional, la dinámica política venezolana se mueve a un ritmo mucho más veloz y pragmático. La mesa de negociación de las asambleas, bajo la mirada atenta de Washington y con avances concretos sobre el TSJ, parece haber dejado el «Pacto por Venezuela» como un esfuerzo loable pero, por ahora, relegado a la periferia de las verdaderas decisiones del poder.

Redacción equipo DHH con ayuda de IA.

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