En el año 2014, entre risas y el característico humor de su personaje, Benjamín Rausseo, «Er Conde del Guácharo», planteó una satírica visión sobre un hipotético conflicto entre Venezuela y Estados Unidos que hoy, en 2026, parece haber cobrado un tinte profético tras el desembarco militar norteamericano en las costas de La Guaira. En aquel entonces, Rausseo ironizaba sobre la incapacidad de los militares venezolanos para enfrentar a una potencia tecnológica, señalando que mientras los generales hablaban de «morir por la patria», los soldados apenas podían mantenerse despiertos tras las guardias de madrugada.

07/14/2026. La visión del humorista subrayaba una disparidad no solo tecnológica, sino física y psicológica, sugiriendo que un soldado estadounidense no mataría a uno venezolano, sino que «se echaría fotos con ellos» o se los llevaría como una curiosidad. Doce años después, la realidad en La Guaira refleja una claudicación del discurso bélico oficialista frente a la sofisticación del Comando Sur, que ha desplegado naves como el USS San Antonio y lanchas de desembarco LCAC para una misión de asistencia humanitaria tras los terremotos del pasado 24 de junio.
El análisis de la situación actual revela que la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) no solo ha permitido este despliegue, sino que muestra signos de fascinación y aquiescencia ante la tecnología extranjera. Informes indican que los efectivos venezolanos se han visto sorprendidos al observar de cerca aeronaves como el helicóptero V-22 Osprey, lo que evidencia que el discurso de rechazo promovido por la cúpula política durante años no logró calar en la estructura militar. Esta coordinación directa entre el Comando Sur y mandos de la FANB, saltándose en ocasiones a figuras del ejecutivo como Delcy Rodríguez, sugiere el establecimiento de un «protectorado militar» de facto.
En este video se observa la actitud de militares venezolanos:
El escenario que Rausseo dibujó como una comedia de «humillación patriótica» se ha transformado en un complejo proceso de transición. La llegada de los Marines para remover escombros y la reactivación del aeropuerto de Maiquetía con drones MQ-9 Reaper ocurre en un contexto de insurrección social latente, donde el pueblo, golpeado por la ineficacia gubernamental ante la tragedia, ha roto el miedo. Mientras en 2014 Er Conde decía que «nosotros no podemos ir para una guerra» porque «la cagamos», en 2026 la FANB parece haber aceptado que su papel en la nueva Venezuela pasa por la cooperación con las fuerzas que antes tildaba de «imperiales».
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Finalmente, lo que antes era un guion de stand-up sobre soldados venezolanos «barrigones y con cara de indio» que no podrían competir con los «americanos», hoy es una realidad logística de 900 efectivos estadounidenses operando en territorio nacional con el apoyo técnico de la misma fuerza que prometía defender la soberanía a toda costa. La «ayuda humanitaria» se ha convertido, según algunos analistas, en un «Caballo de Troya» que asegura la estabilidad frente a un colapso orgánico del Estado, dándole la razón a aquella vieja broma de que, al final, la guerra electrónica terminaría con fotos y no con balas.
Redacción equipo DHH con ayuda de IA.
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