Fotografía de archivo de personas caminando por un sector sin servicio eléctrico en La Habana (Cuba). EFE/ Ernesto Mastrascusa

El dilema de una Cuba al límite entre apagones y herederos

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Cuba atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia reciente, marcada por un colapso energético que mantiene a la isla bajo apagones de más de 20 horas diarias y una presión social que se desborda en las calles. Mientras el régimen intenta maniobrar para evitar un desenlace fatal, el escenario internacional debate si la caída del sistema es inminente o si estamos ante una mutación del poder controlada por la familia Castro.

03/19/2026.

Entre el colapso energético y la «Perestroika» de los herederos

El agotamiento del modelo cubano ha dejado de ser una teoría para convertirse en una realidad palpable: sin combustible de Venezuela, Rusia ni México, el país se encuentra en una situación «bastante complicada y triste». El analista Marc Vidal sostiene que Cuba no es una anomalía, sino el resultado previsible de un patrón de extrema concentración del poder y dependencia de rentas externas que finalmente se ha agotado. En este contexto de asfixia, ha emergido la figura de Óscar Pérez Oliva Fraga, considerado el nuevo vocero del gobierno y arquitecto de lo que algunos medios denominan la «Perestroika cubana». Esta estrategia propone una apertura inédita al capital privado sin límites, permitiendo incluso la inversión de exiliados, en un intento desesperado por salvar la economía.

Sin embargo, el verdadero trasfondo de este cambio podría ser una sucesión dinástica. En los pasillos del poder en La Habana se menciona a «los primos» o «los castritos» —descendientes de Raúl y Fidel Castro— como los posibles herederos del mando. Esta transición busca interlocutores que resulten confiables para actores externos, siguiendo un esquema similar al visto en Venezuela, donde el poder represivo podría cambiar de bando rápidamente ante un nuevo liderazgo. Mientras tanto, el sector privado emergente (mipymes), que ya representa el 15% del PIB, se perfila como la única fuerza capaz de ofrecer una solución real al margen del control estatal.

Puedes leer: Costa Rica cierra embajada en Cuba y pide retiro de diplomáticos cubanos en San José – dehablahispana.com

El tablero de Washington: ¿Intervención militar o colapso interno?

En Estados Unidos, la política hacia la isla es objeto de intensos debates tras la operación en Venezuela que capturó a Nicolás Maduro. Figuras como el senador Lindsey Graham sugieren que «Cuba es la siguiente», pero expertas como Carlota García Encina descartan una intervención militar, argumentando que la isla no ofrece incentivos estratégicos como el petróleo y que una operación de ese tipo sería «desastrosa». Por su parte, el secretario de Estado, Marco Rubio, insiste en que el sistema no es funcional y que cualquier alivio al embargo está estrictamente condicionado a un cambio político profundo, rechazando a cualquier miembro de la familia Castro como interlocutor válido.

El presidente Donald Trump ha vaticinado que «Cuba caerá pronto», aunque sus declaraciones fluctúan entre la retórica de una «adquisición» y la posibilidad de acuerdos políticos ante la debilidad del régimen. A diferencia de Venezuela, Cuba carece de una estructura de poder militar y policial tan sólida para resistir una transición si el liderazgo actual colapsa. Así, mientras Washington observa con cautela, la presión del exilio en Miami exige justicia y el fin definitivo de la tiranía, dejando en el aire la pregunta de si el próximo líder de Cuba será un empresario cubano-estadounidense o un sobreviviente del viejo régimen que sepa «cambiarse la chaqueta» a tiempo.

Redacción Albitrio Fabrepe para DHH.

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