EE.UU.: Del sueño americano al «destierro» de 10 mil kilómetros de distancia para los migrantes latinos

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Lo que comenzó como una búsqueda de asilo en los Estados Unidos ha terminado en una pesadilla transcontinental para un grupo de 15 migrantes latinoamericanos. Tras un extenuante vuelo de 27 horas desde Luisiana, en el que permanecieron esposados de manos y pies, estos ciudadanos de Colombia, Perú y Ecuador se encuentran hoy varados en la República Democrática del Congo (RDC), un país sumido en la pobreza y conflictos internos, a miles de kilómetros de sus hogares.

04/22/2026.

La «frontera africana»: El nuevo tablero de Trump

Esta expulsión no es un hecho aislado, sino la ejecución de la agresiva política migratoria del presidente Donald Trump, quien tras su regreso a la Casa Blanca en enero de 2025, ha impulsado acuerdos bilaterales con naciones africanas para recibir a extranjeros indocumentados. La RDC se suma así a una lista que incluye a El Salvador, Ruanda, Uganda, Ghana y Sudán del Sur, convirtiéndose en piezas clave de un mecanismo diseñado para ampliar la capacidad de deportación cuando no es posible el retorno directo a los países de origen.

El gobierno congoleño ha definido esta acogida como un «mecanismo de acogida temporal» financiado por Washington, aclarando que no se trata de una reubicación permanente ni de una instalación duradera en su territorio.

Vigilados y enfermos: La vida en Kinshasa

Desde su llegada el pasado 17 de abril, los deportados han sido confinados en un complejo hotelero cerca del aeropuerto de N’djili, en Kinshasa. Bajo la vigilancia de la policía, el ejército y personal de empresas militares privadas, los migrantes tienen prohibido abandonar el recinto y no pueden recibir visitas.

El impacto humano es devastador:

  • Barrera lingüística: Ninguno habla francés, el idioma oficial, lo que profundiza su aislamiento.
  • Salud precaria: Migrantes como Gabriela, una colombiana de 30 años, reportan fiebre, vómitos y problemas estomacales. «Nos dicen que es normal y que debemos adaptarnos», relata con angustia.
  • Incertidumbre legal: A muchos se les entregó un visado de solo siete días. «Nos tienen acorralados… si no aceptan el programa de repatriación, se quedarán atrapados en este lío», añade Gabriela.

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¿Asistencia o abandono?

La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) ha intervenido a petición del gobierno congoleño para proporcionar ayuda humanitaria básica, incluyendo una entrega de 100 dólares a cada persona. Sin embargo, la organización enfatiza que su mandato se limita a la asistencia y al retorno voluntario, aclarando que no participa en los acuerdos políticos entre EE. UU. y la RDC.

Por su parte, organizaciones como el Instituto de Investigación en Derechos Humanos (IRDH) denuncian que esta estrategia es una «externalización de responsabilidades» que pone en riesgo la vida de los migrantes al enviarlos a contextos de alta inestabilidad. Mientras el caos de Kinshasa —una megalópolis donde el agua y la electricidad son lujos— ruge fuera de las paredes del hotel, los 15 latinoamericanos esperan un destino que parece cada vez más incierto.

«Tengo más miedo de estar aquí en África que en Colombia», confiesa Hugo Palencia, otro de los deportados. Su único deseo ahora es obtener cualquier documento de viaje que le permita escapar de la «ayuda» que lo mantiene prisionero en un continente desconocido.

Redacción Elena Calzadilla para DHH con ayuda de IA.

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