Cuba: El imperio de GAESA es una maquinaria militar de despojo al pueblo de la isla

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La administración estadounidense ha elevado el nivel de su ofensiva financiera, ejecutando una estrategia de asfixia económica destinada a privar a la cúpula militar cubana de su acceso a activos obtenidos de forma ilícita. Bajo una orden ejecutiva enfocada en sancionar a los responsables de la represión y las amenazas a la seguridad nacional, el Departamento de Estado ha puesto en la mira a GAESA, un conglomerado que, lejos de ser una entidad comercial convencional, funciona como el corazón de una cleptocracia estructurada para el beneficio exclusivo de las élites.

05/08/2026. De acuerdo con los hallazgos de las fuentes, GAESA no es una empresa de servicios para el pueblo, sino un «pulpo» corporativo diseñado específicamente para actos ilícitos y el desvío de capitales. Este holding militar, que controla aproximadamente el 40% de la economía de la isla —incluyendo sectores estratégicos como el turismo, las finanzas y las importaciones—, opera bajo un manto de opacidad absoluta al no publicar estados financieros ni figurar en el presupuesto estatal. Según las investigaciones del Departamento de Estado, esta estructura permite que los ingresos generados sean sistemáticamente desviados hacia cuentas bancarias ocultas en el extranjero, en lugar de invertirse en la infraestructura crítica de la nación.

La magnitud del entramado es asombrosa: se estima que GAESA controla hasta 20,000 millones de dólares en activos de procedencia ilícita, una cifra que representa más del triple del presupuesto estatal de toda la isla. En la cúspide de esta maquinaria se encuentra la coronel Ania Guillermina Lastres Morera, sancionada directamente por ser la operadora de máxima confianza de la cúpula castrista y la responsable de gestionar y mover los hilos de estos activos oscuros en el mercado internacional. Mientras este imperio financiero se consolida mediante la explotación de recursos y el control de divisas, el pueblo cubano enfrenta su peor crisis humanitaria, marcada por el hambre, enfermedades y una red eléctrica en ruinas.

Para profundizar en el caso de este conglomerado, es crucial entender que GAESA opera como un Estado dentro del Estado, extrayendo las riquezas del pueblo cubano para sostener un sistema de control militar. Su estructura abarca desde la administración de hoteles de lujo y tiendas de recaudación de divisas hasta la gestión de puertos y servicios financieros, sectores que funcionan sin ningún tipo de rendición de cuentas ante la ciudadanía. Esta falta de transparencia es una herramienta deliberada para ocultar que el holding no está diseñado para generar bienestar social, sino para actuar como el brazo financiero de la represión.

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El Departamento de Estado ha determinado que el flujo de capital de GAESA es masivo, superando con creces los recursos destinados a la salud o la alimentación del país. Al manejar activos que triplican el presupuesto estatal, la cúpula militar posee una autonomía financiera que le permite ignorar las necesidades básicas de la población, priorizando la acumulación de activos ilícitos en cuentas extranjeras. Esta desconexión entre la riqueza del conglomerado y la miseria del cubano común evidencia que GAESA es el motor de una economía parasitaria.

La figura de Ania Guillermina Lastres Morera es fundamental para comprender la operatividad de este sistema ilícito fuera de las fronteras cubanas. Como presidenta ejecutiva de GAESA y coronel de las fuerzas armadas, Lastres Morera no solo administra los bienes internos, sino que es la pieza clave para mover los hilos de la cleptocracia en el sistema financiero global. Su sanción resalta que el régimen utiliza figuras militares de alto rango para garantizar que los miles de millones de dólares obtenidos de forma turbia permanezcan bajo el control de la élite.

Finalmente, el caso GAESA se extiende a la explotación de recursos estratégicos mediante empresas conjuntas como Moa Nickel, la cual también ha sido sancionada por beneficiar a la tiranía a expensas de activos expropiados. Mientras GAESA se convierte en una plataforma para operaciones de inteligencia y apoyo a redes criminales, el régimen bloquea incluso la distribución independiente de ayuda humanitaria, exigiendo que cualquier recurso pase por sus manos o sea controlado por sus instituciones.

En resumen, las fuentes subrayan que GAESA es una amenaza a la seguridad regional que sobrevive gracias al saqueo sistemático y el ocultamiento de su capital ilícito.

Redacción Albitrio Fabrepe para DHH.

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